La última palabra

Piedad para nuestros héroes

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Señor, dales el descanso eterno. No los traslades del Paraíso. Ellos ofrendaron su vida por una Patria robusta, no de pillos y latrocidas, que saquean el bien común.

El horror se apoderó de ellos cuando defendían una causa justa, esa sí, por la gloria de su terruño, por su dignidad, y la de sus semejantes. Dales, Señor, el descanso eterno y que los ilumine, por siempre, la luz perpetua. Hoy se completan 55 años de aquellas atrocidades: veneramos a ese puñado de compatriotas que saldó con su vida su amor por su bandera, en una lucha nunca tan desigual, frente a las tecnologías, vileza y entrenamiento del agresor.

Esa desventaja, Señor, debe ser una ventaja para que ellos descansen en tu reino, con la paz infinita que tú les proporcionas. Ante ti, nos comprometemos a no olvidar estos nombres, hoy del entorno de tu Santidad: Maritza Ávila Alabarca, Ascanio Arosemena, Luis Bonilla, Teófilo de la Torre, José Del Cid Cobos, Gonzalo France, Víctor Garibaldo, José Enrique Gil, Víctor Iglesias, Rosa Elena Landecho (hermosa nenita), Carlos Lara, Emilio Lara, Gustavo Lara, Ezequiel Meneses, Ricardo Murgas, Alberto Nichols Constance, Etanislao Orobio, Jacinto Palacios, Ovidio Saldaña, Rodolfo Sánchez, Alberto Oriol Tejada y Celestino Villareta (o Villarreta).

Kyrie eleison, Christe eleison. Señor, apiádate de ellos. Cristo, ten piedad. No te distraigas: atiende nuestra súplica, en favor de esos hermanos. De paso: a esos latrocidas y pillos, sabes quiénes son, que merodean por acá, allánales el camino al infierno.

Nuestros héroes se sacrificaron por esta patria que busca tu perfección, pero que es tan imperfecta por la rapacidad de un puñado de humanoides mafiosos, a quienes ni les importan ni Dios ni las familias de ellos ni sus semejantes.

No nos importa cabildear ante ti, Señor, a favor de las almas de nuestros héroes, aunque no se nos ocurre la injusticia de que las engulla el infierno ni caigan en las tinieblas. Tinieblas sí merecen los mafiosos que deshonran tu majestad y se embolsan los recursos oficiales, o coimean con cucharón grande, y deshonran, al tiempo, a los héroes que hoy alabamos.

Nuestra Patria, durante aquella gesta, albergaba, contra nuestra voluntad, tropas de Estados Unidos en la mitad del territorio, y reclamaba que nuestro pabellón ondeara en edificios públicos de la entonces Zona del Canal. Ante esa demanda, explotó la saña, con armas de grueso calibre, que, para justificarse, el poder gringo definió como aquellas asignadas para matar patos.

Conmemoremos en el campo feliz de la unión, que esta fecha no es propiedad de nadie, es de todos los panameños, ni tampoco lo son el santoral ni el calendario gregoriano ni el anterior juliano.

Nuestros héroes, Señor, tienen un sitio especial en nuestros corazones, y sabemos que los ángeles los abrigan en el Paraíso, y que, con Lázaro, y muchos otros santos, gozan del descanso eterno. De ellos, también es el Paraíso.

El autor es periodista y docente.

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