La última palabra

Identidad y marca país

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Empiezan a aprimorarse en el siglo XIX los vestidos que usa la mujer en las fincas. Es nombrada falda pollera, denominación común en la América de habla hispana.

En un momento, el sustantivo ‘falda’ se cae y ‘pollera’ paso de adjetivo a sustantivo para denominar ese vestuario, que tanto se ha enriquecido, fortalecido y se ha convertido en un símbolo cimero del folclor nacional, que convoca, en el Desfile de las Mil Polleras, celebrado el fin de semana anterior, a otras producciones representativas del alma panameña.

De “pollo” deriva “pollera”. En latín, pullus representa la cría del ave, y la de gallina, en particular, lo luce. Esos faldones semejan una jaula de pollos, si se tiene en cuenta que para expandirlas en su base se emplean bastidores de palo o entramados internos de metal.

Ese vestido tan hermoso nace de esa idea de una jaula de pollos, y en algún instante se cree que ese espacio interior podría esconder hasta un niño. Se llamó hasta guardainfante. En la calle Primera de Las Tablas, en dirección al Jardín Royal Gin (sala de fiestas), por kilómetro y medio, miles de vestidos femeninos de la pollera nacional, de colores variados y formas diversas.

Bajo la organización de la Autoridad de Turismo, se desarrolla la versión séptima del festival callejero. Se calcula que hasta 125 mil personas son espectadores de la puesta en escena por cuatro avenidas tableñas en un periodo de ocho horas. Cada delegación –la de la policía debe haber sumado hasta mil personas, incluso su alegre jefe general- debe presentarse en un promedio de dos horas.

Es una operación que implica un movimiento de millones de dólares, y que significa ingresos frescos para productores y comerciantes de la provincia santeña y comunidades vecinas, de modo especial en un periodo de dos meses para escenificarse el Carnaval.

Se ha consolidado a escala local la exposición de las polleras, sobre todo santeñas, y se requiere internacionalizarla, con la mirada puesta de otras naciones hacia un motivo de orgullo nacional, que congrega, además, lo mejor del folclor en danza, música, artesanías e instrumentos musicales, y representa un empuje en las economías de las familias.

Panameñas se trasladan a la plaza tableña desde Hamburgo, Seattle y Virginia para exhibir, ante sus familiares extranjeros, sus atavíos cosidos, bordados y surcidos, con el plus de otras artesanías.

La Caja de Seguro Social y otras organizaciones están presentes. La Caja de Ahorros muestra, en plena avenida, con sol brillante y temperatura extenuante, su ballet folclórico, y desfilan empleados danzarines y sonrientes del Banco General con una muestra robusta y ambulante de polleras centenarias y de hoy.

Se trastea, con valla alta, en la marca país para reforzar la identidad colectiva, representada en su folclor de una comunidad multicultural.

Estas polleras, invención centenaria de nuestras mujeres, son una producción de valor excepcional, que hoy es respaldada por todos los ciudadanos, que observan en ellas una marca de cómo somos y cuáles son los mejores resortes que animan nuestra alegría, bienestar y comportamiento social.

El autor es docente y periodista

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