La última palabra

Rosa María Britton, genio y figura

Temas:

A las 3 de la tarde del martes 16 de julio de 2019 se apaga Rosa María Crespo Justiniani, símbolo de una época de incertidumbres globalizadoras. El 28 de julio cumpliría 83 años. Empieza a llover. El escritor renombrado Sergio Ramírez, desde la querida Managua, reacciona: “El cielo llora por ti”.

Cuatro días antes, los médicos la liberaron del hospital. “Quiero morirme en mi casa”, demanda. Sin fuerzas, obtiene energías para proseguir celebrando la vida, deslumbrante y alegre como era.

En vísperas del momento crucial, solicita que le arreglen el cabello y le pinten las uñas. Pide una porción de champaña. Reclama porque se la ofrecen en vaso plástico. En copa de vidrio, celebra, como puede, con champaña.

En los días previos, ante tanto dolor, Briseida Bloise, su editora y amiga, le recomienda aplicarse morfina. Con su talante característico, le previene: “La morfina la está reservando para más adelante porque esto se va a poner peor”.

Lo sabía porque durante décadas alternó medicina de cáncer, como oncóloga y ginecóloga, con su ejercicio literario. Obras publicadas (15) y presentadas en 22 países. Padecía cáncer de pulmón.

En medio del sufrimiento, se mantiene al tanto del acontecer nacional, sobre el cual su voz enérgica se había pronunciado con frecuencia. Le informan que el periodista Daniel Domínguez ha sido designado director de Artes del INAC. Aplaude con las pocas fuerzas de sus manos y expresa: “Ahora sí estamos bien”.

Había nacido en nuestra ciudad. Crespo por su padre, cubano, y Justiniani, por su madre, chimanera, afrodescendiente. Britton, por su esposo. Vecino de Chepo, Chimán –homenaje a un cacique- es el único distrito patrio sin carretera: inspira #El AtaúddeUso.

Se educa en La Habana y, tras la Revolución, migra a España, donde termina sus estudios de medicina y donde conoce al ingeniero Britton, estadounidense. La pareja se radica un periodo en la Indiana natal de él, adonde ella “exporta” su pericia culinaria del arroz. De afición cubana y panameña.

Su esposo labora por muchos años en el Canal, con cuya corporación ella crea lazos. “Dormí con uno de ustedes durante 40 años”, confiesa en exposición ante empleados canaleros.

En el Sheraton de Atlapa. Sin sacerdotes ni pastores, es el homenaje funeral, al que asisto para abrazar a sus hijos Gaby y Walter. Escoltado por una fotografía con la bandera arcoiris, Sáez Llorens la define como luchadora, en especial a favor de la educación sexual, y recuerda la censura de ella al mito de la abstinencia sexual para evitar enfermedades y embarazos no deseados, que defienden grupos religiosos.

Rosa María no tiene pepitas en la lengua, pero primero piensa aquello que manifiesta. Auténtica y franca. Pero sobrepone el amor por el prójimo y por la patria, así como el cultivo de la amistad, de Juan David Morgan, Briseida Bloise, Magela Brenes, Sáez Llorenz y muchos más.

Era natural su empatía con los jóvenes. A su llegada al Colegio José María Herrera, en Penonomé, unos pelaítos la retan: “¿Podemos partir en tres una viagra y tomárnosla?”.

Rosa María les responde: “Ustedes saben mucho. A la salida, conversamos”.

El autor es docente y periodista 

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.

¿Aún no eres suscriptor de La Prensa?

Elija plan de suscripción

Aquí usted podrá elegir uno de nuestros planes de suscripción y disfrutar de los beneficios que le ofrecemos.

Elegir plan