Bolivia

Opositores impulsan dictadura

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Un inhabilitado para ser candidato anunció que ganará las elecciones en Bolivia con el 70% de votos y hay que creerle, porque se trata de Evo Morales, el manipulador de las leyes que dicta según su conveniencia, quien usa la justicia para que los jueces prevariquen a su favor y que ha montado un sistema electoral con el mismo plan ya usado por los dictadores de Venezuela y Nicaragua.

Se trata de la dictadura electoralista de Bolivia, que avanza sin escrúpulos en el proceso de hacerle unas elecciones a Evo Morales, para que sea candidato por cuarta vez consecutiva con la participación activa de opositores funcionales.

La dictadura de Cuba ha creado y dirige los regímenes que hoy controlan Venezuela, Nicaragua y Bolivia usando el modelo de simular democracia bajo la falsedad de que si hay elecciones hay democracia, cuando no se respetan los derechos humanos ni las libertades fundamentales, no existe Estado de derecho, no hay división ni independencia de los poderes públicos, no hay libre asociación política, existen presos y exiliados políticos, se utiliza el control total del Estado para ejercer la delincuencia organizada transnacional.

En este modelo, Evo Morales ha implementado la “dictadura electoralista” en Bolivia. He conceptualizado la dictadura electoralista como “el régimen político que por la fuerza o violencia concentra todo el poder político en una persona o en un grupo, reprime los derechos humanos y las libertades fundamentales y utiliza las elecciones como medio de simulación y propaganda para mantenerse indefinidamente en el poder”.

En la dictadura electoralista, las elecciones son el disfraz con el que el dictador busca encubrir su verdadera naturaleza. Se trata de elecciones controladas y manipuladas. La manipulación incluye la existencia de “candidatos de oposición” que tienen el papel de legitimar al dictador como seguro ganador. En la dictadura electoralista el dictador tiene toda la legalidad a su favor, porque la ha creado y la ha acomodado a su medida con el control absoluto de los poderes legislativo, judicial y electoral, como sucede ahora mismo en Bolivia.

En esas condiciones, quienes se prestan a fungir como candidatos opositores cumplen una acción de participación delictiva, pues lo que hacen es perpetuar en el poder al dictador. Por eso son “opositores funcionales”, o sea falsos opositores, porque le hacen el juego al dictador, que es el candidato oficial, están subordinados al régimen, dependen de él, están conectados con la dictadura a la que son útiles y sirven en el propósito de simular una democracia que no existe y unas elecciones en las que se vota, pero no se elige.

En su iter criminis para ser candidato por cuarta vez consecutiva, Evo Morales cambió la Constitución y liquidó la República de Bolivia suplantándola por el estado plurinacional. En esta cadena de delitos resumida en mi columna La República de Bolivia y los crímenes que la dictadura llama constitución, de 10 de febrero de 2019, para favorecer a Evo Morales violaron la prohibición constitucional de “reforma total de la Constitución” y rompieron el mandato de que “el presidente solo podrá ser reelecto por una vez después de transcurrido cuanto menos un periodo constitucional”.

La suplantación constitucional para permitir la reelección de Evo Morales se hizo con leyes de Carlos Mesa y de cuando el presidente del Senado era Óscar Ortiz, ambos hoy presentados como los principales candidatos opositores y sin cuya participación activa y directa Evo Morales debió dejar el poder en enero de 2011, pues no hubiera tenido ni constituyente ni constitución castro-chavista que destrozaron el Estado de derecho en Bolivia.

Incluidos Mesa y Ortiz, todos los candidatos que hoy aparecen como opositores han probado que son “candidatos funcionales” con el vergonzoso acto de consentimiento a la candidatura del inhabilitado Evo Morales con su participación en las denominadas “elecciones primarias en Bolivia”, algo que la BBC News calificó como: “la insólita votación en la que todos los candidatos ganaron y ninguno compitió entre sí”. Si los candidatos funcionales no hubieran participado de esa farsa, Morales no estaría legitimado como candidato y estaría solo con su dictadura en evidencia.

Los candidatos funcionales aún pueden participar en el retorno a la democracia en Bolivia retirándose de una campaña electoral en la que además no tienen ninguna opción de ganar..

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