GUILLERMO SÁNCHEZ BORBÓN

La muerte le arrebata a Panamá un adalid

En su rol de periodista, Guillermo Sánchez Borbón fue un faro en la oscuridad, cuyo ingenio e intelecto seducían incluso a quienes aguijoneaba en su columna ‘En pocas palabras’, desde la que combatió la dictadura militar con una integridad que pocos llegaron a igualar.

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“En pocas palabras” creó un género nuevo y muy eficaz para luchar contra la dictadura militar; era a la vez información, opinión y humor.  “En pocas palabras” creó un género nuevo y muy eficaz para luchar contra la dictadura militar; era a la vez información, opinión y humor. Expandir Imagen
“En pocas palabras” creó un género nuevo y muy eficaz para luchar contra la dictadura militar; era a la vez información, opinión y humor. Archivo

Cayó el gigante. Y aunque pueda creerse que su voz trepidante calló también, no es cierto. Le debemos mucho, La Prensa y el país. Guillermo Sánchez Borbón, y su alter ego literario Tristán Solarte, dejaron una obra brillante que llevará su legado a las nuevas generaciones cada vez que alguien entone sus versos y admire, como lo hizo él, los paisajes de su amado Bocas del Toro.

Eso en el terreno de las letras, pero su legado se extiende más allá, como lo señalan quienes compartieron con “Guillermo” —a secas—, las horas difíciles en la llamada Redacción Esplandián. Este país sería otro sin el aguijón de su columna.

A pesar de su calibre como artista, el hombre que, aun en sus noventa, destacaba en una multitud por su estatura y su físico imponente, poseía una sencillez y una humildad que lo mantenían centrado, con los pies en el suelo y accesible a cualquiera.

Cuando lo conocí me saltó eso, su sencillez en el vestir, al hablar, al tratar a los demás. Con sus pantalones caqui y su camisilla un poco ajada, con el bolsillo cargado de plumas, Guillermo era el señor del pelo alborotado y barba incipiente que vacilaba a todo el que se cruzaba en su camino, portando una bolsa cargada de fragante pan para los compañeros: “porque las penas con pan son menos”. Eran días duros, pero él los enfrentó con una sonrisa, tal vez para distraernos del peso de las circunstancias a quienes, con menor kilometraje, éramos menos capaces de afrontarlo sin ayuda.

En junio de 1986, Sánchez Borbón fue llamado a declarar ante la fiscal Ana Belfon, que ordenó su detención inmediata. Cuando el teniente Soto lo llevó a la Modelo, pidió un recibo en el que constara que lo había entregado sano y salvo. Cuatro horas más tarde, el periodista fue liberado. Expandir Imagen
En junio de 1986, Sánchez Borbón fue llamado a declarar ante la fiscal Ana Belfon, que ordenó su detención inmediata. Cuando el teniente Soto lo llevó a la Modelo, pidió un recibo en el que constara que lo había entregado sano y salvo. Cuatro horas más tarde, el periodista fue liberado. Archivo

La sencillez, su gran estatura intelectual, valentía, respeto por el otro, hombría de bien, sentido del humor y amor apasionado e incondicional a la libertad y a la vida marcaron su paso por este mundo y las vidas de aquellos con quienes se cruzó.

El hombre que habla de sí mismo como de “un poeta mediocre”, que enfurecería a dos grandes: Vicente Huidobro (portavoz del creacionismo) y Pablo Neruda, por unirlos en su memoria y en su inspiración, tuvo su llamada literaria muy temprano en la vida. Como él mismo compartió hace unos años en una entrevista, cuando todavía no sabía leer o escribir, seguía, como los ratones de Hamelin la música de la flauta, las voces de sus padres al recitar los versos de los grandes poetas románticos.

Y así mismo, él hizo de su propia voz un faro en la oscuridad, prodigando su sabiduría a quien acudiera a él y usando un ingenio tan fino que incluso seducía a quienes espoleaba.

Por ejemplo, años después de la dictadura militar, Guillermo se topó con el general Rubén Darío Paredes, que ya estaba retirado, en un restaurante. Guillermo, haciendo gala de fineza, respondió con amabilidad su saludo. “Como dos caballeros”, recuerda Paredes, quien comentó que el encuentro fue producto de una especie de juego espontáneo que “resultó en un momento simpático”. Le sorprendió gratamente la personalidad sencilla del hombre que resultó ser muy diferente del prototipo de periodista arrogante al que estaba acostumbrado a lidiar —y pondera—, sobre todo para alguien que estaba en la cresta de la ola de su popularidad, dado que la suya era la columna más comentada del momento.

“La verdad es que el tipo me cayó muy bien, más por la fuerza de su personalidad modesta y vestimenta sobria”, agrega Paredes.

En pocas palabras se volvió parte de él y no le quedó más remedio que lidiar con el éxito. Expandir Imagen
En pocas palabras se volvió parte de él y no le quedó más remedio que lidiar con el éxito. Lowis Rodríguez

Esa era una de las facetas de Guillermo el intelectual, que no se jactaba de su bagaje cultural y que podía empinarse sobre las miserias de la política y reconocer valía en el “otro”.

En un homenaje que sus paisanos bocatoreños rindieron a Guillermo hace unos años, Jorge Ritter, uno de los intelectuales del “proceso”, se refirió a él en estos términos: “Gracias a una memoria prodigiosa, en la Academia [Panameña de la Lengua] nos recuerda a autores, nos ilustra sobre el origen de las palabras y, con una frase lapidaria, resume prolongados debates. No puede uno imaginarse que el Tristán que hoy nos divierte con su ingenio, sea el mismo que disfrutaba de tertulias literarias con gigantes como Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges. A pesar de ello, no encontrarán en la vida una persona más humilde ni más refractaria al elogio. Requirió de un gran esfuerzo de sus coterráneos bocatoreños para traerlo aquí esta noche, solo para decirle cuánto lo admiramos como novelista y poeta, cuánto lo extrañamos como periodista, y cuánto lo queremos como amigo”.

I. Roberto Eisenmann comentó que en una ocasión, un exembajador alemán se sorprendió al saber que “un bocatoreño” escribía En pocas palabras, porque Guillermo usaba términos alemanes que únicamente podía conocer quien hubiera vivido en Alemania durante el régimen nazi. No contaba con que el genio era un ávido autodidacta que, habiéndose quedado varado en suelo germano, se metía a la biblioteca a leer para entretenerse.

Otra muestra de su humildad y profundo entendimiento del oficio de periodista es su consejo a las nuevas generaciones de estudiar más ortografía y gramática y, sobre todo, apartarse del error de no entender que uno como periodista es vehículo, no protagonista.

El escritor y poeta Expandir Imagen
El escritor y poeta

‘Ya vienes con vainas’

En pocas palabras, el tábano de la dictadura, prospera en manos de un entomólogo reticente, quien adoptó el proyecto obligado, más que por vocación. Y como buen padre adoptivo, hizo suya la criatura, a tal punto de que quien no sabe la historia, ve rasgos del padre putativo en el hijo regalado.

Guillermo llegó a La Prensa por iniciativa de Iván Robles para hacerse cargo, “sin mayor compromiso”, de parte de la corrección de textos. Lo que él no sabía es que nadie que entra al mundo de La Prensa queda indemne.

La historia de la columna la sabemos por boca de Eisenmann.

El periódico incluía una columna de glosas que estaba supuesta a nutrirse de datos aportados por los reporteros. Pero el mecanismo se desgastó y llegó un momento en que los datos eran tan banales que no valía la pena gastar tinta y papel para imprimirlos. Y ahí entra en escena Guillermo. Cuando Eisenmann y el doctor Fabián Echevers, el primer director de La Prensa, consideraban darle un mejor uso al espacio, el inocente tuvo la “mala pata” de pasar frente a la oficina. Echevers tuvo un golpe de inspiración. “Poeta, te tengo un trabajo”. Presintiendo un embarque, Guillermo respondió: “¡Ya vienes con vainas! ¡A mí no me gustan los compromisos!”.

La idea era que él filtrara el material para que no salieran trivialidades. Su instinto de diablo viejo le advirtió que no saldría bien librado, así que aunque aceptó, lo hizo de mala gana.

En su columna, Sánchez Borbón logró esclarecer los sucesos que rodearon la muerte de Hugo Spadafora. Expandir Imagen
En su columna, Sánchez Borbón logró esclarecer los sucesos que rodearon la muerte de Hugo Spadafora. Archivo

No se equivocó. Dos días después no había ni una glosa. Y él se quejó con Echevers: “¿Ya viste la vaina? ¡Los reporteros no dejaron nada para mañana!”. Pero, el director, con su propia carga a cuestas, lo despachó con un lacónico: “Poeta, ¡inventa!”.

Haciendo una excepción, “obedeció”. Su primera columna fue una historia tan disparatada que ilustraba muy bien el ingenio y sentido del humor de Guillermo, quien pensó que la ocurrencia lo liberaría, sin sospechar que sería todo lo contrario.

La columna “explotó”.

En pocas palabras se volvió parte de él y no le quedó más remedio que lidiar con el éxito. Y, ¡qué éxito! ¿Se imaginan si hubiera sido idea suya?

Pronto, lo que era solo un “blofeo” echó raíces y se formó una red de informantes que tuvo alcances insospechados. No había reunión del Gabinete o del Estado Mayor de la que no se le informara a Guillermo.

Tristán Solarte canalizó ese torrente de información con valentía y elegancia, apunta Fernando Berguido. Pero, además —subraya—, él era quien daba la cara siempre, protegiendo a sus fuentes de las consecuencias de hablar.

Guillermo pagó un alto precio por su lucha en las trincheras de La Prensa y En pocas palabras: exilio, agresiones físicas, amenazas de muerte y carcelazo con amenazas, entonces muy creíbles, de agresión sexual. Nada lo detuvo. No era que no temiera; su compromiso personal y su convicción de que hacía lo correcto, lo que había que hacer, lo empujaban hacia el fuego.

Se ganó un lugar en la historia

La veterana periodista y catedrática de periodismo Migdalia Fuentes de Pineda lo plantea así: “Guillermo debe ser recordado por su lucha frontal contra la dictadura y los gobiernos de facto. Es poca la gente que se mantiene en una lucha así. Sus armas… su pluma y su intelecto”.

“Pasarán muchos años para que en Panamá haya una columna como esa”, reflexiona Fuentes de Pineda, quien fuera jefa de Redacción de La Prensa, y estrecha colaboradora de Sánchez Borbón.

Berguido, quien lo conoció a través de sus “extravagantes y divertidas” columnas de En pocas palabras —que firmaba como Tristán Solarte — y con el correr de los años se convirtió en su “último jefe” en La Prensa, apunta que Guillermo se ganó un lugar en la historia como “patriota auténtico, autodidacta, un hombre renacentista por lo culto y multifacético, poeta, literato, científico, ensayista, periodista y, sobre todo, consciente del verdadero sentido de la riqueza, que no es el de acumular dinero”.

La periodista Lineth Del Cid, a quien ayudó a completar las lecciones de la universidad en el yunque de la realidad de una Redacción bajo asedio, cree que “don Guillermo” merece ser recordado porque “daba valor para enfrentar, desde los cuarteles, oficinas de ministerios, al ciudadano común. Su pluma ofreció rutas para combatir la dictadura e hizo un hueco en la fortaleza de los militares”.

 Cuando se retiró, ‘La Prensa’ le honró imponiendo su nombre a la sala de junta directiva.  De Izq. a Der.:  Winston Robles, I. Roberto Eisenmann, Guillermo Sánchez Borbón y Juan Arias.  Expandir Imagen
Cuando se retiró, ‘La Prensa’ le honró imponiendo su nombre a la sala de junta directiva. De Izq. a Der.: Winston Robles, I. Roberto Eisenmann, Guillermo Sánchez Borbón y Juan Arias. Archivo

Incluso, en el lado opuesto de la trinchera, Guillermo cosechó respeto.

El exgeneral Paredes, aunque aprovecha para anotar que en ocasiones “de esa pluma derivaron comentarios no siempre justos ni del todo veraces”, “en el balance final, a don Guillermo Sánchez Borbón siempre lo ubiqué como un adversario valioso”.

Siendo “comandante de la Guardia Nacional, era obligante leer diariamente la columna de Tristán Solarte”, admite. En ocasiones, comparte, se las evaluaba en las reuniones del Estado Mayor. Si la analizabas con el cerebro frío, explica el militar retirado, no eran solo críticas, “te invitaban a la reflexión para corregir cosas que, sinceramente, no andaban muy bien en el país”.

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