DESACUERDOS

La cumbre entre Trump y Kim se salda con un fracaso

Washington reclamó un compromiso de Pionyang de renunciar a sus instalaciones nucleares secretas, así como a sus misiles y cabezas nucleares.

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El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un (Izq.), y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (Der.), durante la cumbre. El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un (Izq.), y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (Der.), durante la cumbre. Expandir Imagen
El líder de Corea del Norte, Kim Jong Un (Izq.), y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (Der.), durante la cumbre.

Los partidarios del control de armas seguro están decepcionados. El jueves en la tarde, el presidente Donald Trump acortó su cumbre en Hanói con Kim Jong Un, líder de Corea del Norte. “A veces hay que irse”, explicó Trump después en una conferencia de prensa.

Tiene razón. Trump comentó que Kim exigía un levantamiento completo de las sanciones a cambio de una desnuclearización parcial. Es una vieja táctica de los norcoreanos: negocian, logran concesiones y luego no cumplen.

Infortunadamente, el presidente está errado sobre otro punto que mencionó en la conferencia de prensa: las perspectivas de un acuerdo con Kim. Como Trump lo plantea, Kim quisiera que su país fuera tan próspero como Vietnam, otro antiguo enemigo de EU con tendencias marxistas.

Estado prisión

“Le he dicho a todo el mundo que tienen un potencial enorme”, dijo Trump refiriéndose a Corea del Norte.

No tienen un enorme potencial. Es difícil saber qué pasa por la mente de Kim, pero si tiene aunque sea un gramo de sentido común, seguro sabe que no puede a la vez monitorear una economía de mercado saludable y seguir siendo el alcaide de un Estado prisión.

Esto no significa que los Estados autoritarios no pueden enriquecerse; China y Rusia nos demuestran lo contrario. No obstante, Corea del Norte es una combinación entre la Unión Soviética de Josef Stalin y la novela 1984 de George Orwell. Debemos empezar recordando que la esclavitud aún forma parte de su economía. Matthew Zweig, analista de la Fundación para la Defensa de las Democracias, estima que 1 de cada 10 trabajadores norcoreanos son esclavos obligados a trabajar en campos que se pueden ver en fotos satelitales.

Armas y misiles

De igual manera, se ha enviado cerca de 100 mil norcoreanos a trabajar en el exterior como trabajadores manuales, y sus ingresos están sujetos a impuestos casi confiscatorios (gran parte de este tema ha sido detallado en una demanda presentada por el trabajador de un barco que laboraba 12 horas diarias en un astillero en Polonia, bajo condiciones inseguras, y casi todos sus ingresos se iban en impuestos pagos a Pionyang). Es un esquema que otorga al régimen de Kim el efectivo necesario para construir armas nucleares y los misiles para activarlas.

Sobra decir que este sistema jamás generará el tipo de economía saludable que Trump sueña para Corea del Norte. Para que Corea del Norte sea próspero, sus ciudadanos no pueden vivir en un perpetuo terror y miedo. El problema para Kim es que, sin terror, su régimen se derrumbaría.

Así, por ahora no parece que la revolución económica esté a la vista. No es una locura que el instinto de Trump lo lleve a intentar negociar un acuerdo, para al menos limar el filo de la amenaza. Su pensamiento de una Corea del Norte próspera es tonto.

Modelo Reagan

Mientras continúa las negociaciones con Corea del Norte, Trump haría bien en revisar la presidencia de Ronald Reagan. Al igual que Trump, Reagan buscó llegar a un acuerdo con un dictador. Sin embargo, el legado de Reagan no es el acuerdo de control de armas que celebró con Mikhail Gorbachev. Es la claridad moral que Reagan estableció con un país que consideraba un imperio maligno -una visión que ayudó a adelantar su colapso.

Es un modelo que Trump parece estar siguiendo en Venezuela, donde tiene la posibilidad de ayudar al pueblo venezolano a sacar a Maduro, el segundo peor tirano del hemisferio occidental. Trump decidió no firmar un acuerdo con Kim porque “sentimos que no era apropiado y realmente queremos hacer bien las cosas”, señaló justo antes de irse de Hanói. Si el presidente tiene pensado dejar un legado en política exterior, su mejor posibilidad está a medio mundo de distancia.

Japón y Corea del Sur

Donald Trump habló con los mandatarios japonés y surcoreano, Shinzo Abe y Moon Jae-in, respectivamente, luego de su cumbre con el líder norcoreano Kim Jong Un y mientras viajaba de vuelta a Washington en su avión presidencial Air Force One, anunció ayer la Casa Blanca.

“Les dio una actualización sobre la reunión”, que terminó sin acuerdos, manifestó la portavoz Sarah Sanders a los periodistas que viajan con Trump.

“Les dijo que continuará el diálogo”, añadió, detallando que Trump habló por unos 15 minutos con cada uno de los mandatarios.

La cumbre nuclear entre Estados Unidos y Corea del Norte terminó abruptamente en Hanói, y Trump dijo que había decidido “andar” ante las demandas de Kim de retirar las sanciones a Pionyang.

Se suponía que la tan esperada segunda reunión entre los dos líderes se basaría en su histórica primera cumbre en Singapur, pero no firmaron una declaración conjunta según lo programado inicialmente y las conversaciones terminaron en un punto muerto. Abe dijo antes de la llamada telefónica que apoyaba a Trump, después de que las conversaciones colapsaran.

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