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Piñera propone un acuerdo social para frenar las protestas

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La multitud que protestaba rechazó la presencia de los militares. La multitud que protestaba rechazó la presencia de los militares. Expandir Imagen
La multitud que protestaba rechazó la presencia de los militares.

Las intensas protestas se mantuvieron en varios puntos de Chile ayer, lunes, por cuarto día consecutivo, en un estallido social que deja 11 muertos y cientos de heridos y al que el presidente Sebastián Piñera propuso enfrentar con “un acuerdo social”.

En una primera declaración de intención y aún resintiendo los ecos de la fuerte declaración emitida el domingo, cuando afirmó que Chile enfrentaba una “guerra”, el mandatario propuso anoche un “acuerdo social” que permita acallar el peor estallido social en varias décadas en el país suramericano.

Anunció que hoy, martes, se reunirá “con presidentes de partidos, tanto de gobierno como de oposición, para poder explorar y ojalá avanzar hacia un acuerdo social que nos permita a todos unidos acercarnos con rapidez, eficacia y también con responsabilidad hacia mejores soluciones a los problemas que aquejan a los chilenos”, afirmó Piñera.

Los disturbios proseguían ayer en diferentes sectores de Santiago y en otras ciudades del interior del país. En la capital, hubo una gigantesca concentración en la plaza Italia. Expandir Imagen
Los disturbios proseguían ayer en diferentes sectores de Santiago y en otras ciudades del interior del país. En la capital, hubo una gigantesca concentración en la plaza Italia. AFP

Toque de queda se prolonga en Chile durante tercer día

Miles de personas manifestaron ayer en la céntrica plaza Italia de Santiago y las protestas se mantuvieron en varios puntos de Chile, tras un estallido social que deja 11 muertos y cientos de heridos desde la semana pasada, obligando a decretar toque de queda por tercer día consecutivo.

“Que se vayan los milicos”, gritaban los manifestantes la Plaza Italia, en abierto desafío a las fuerzas militares y policiales que resguardan en gran número el centro de la capital chilena, bajo estado de emergencia.

Bailando, caceroleando y aplaudiendo con fuerza cada vez que sobrevuela un helicóptero militar, los manifestante coreaban: “Ohhh ...Chile despertó; Chile despertó...”

“Va a correr sangre. Nos cerraron las puertas de todas las cosas”, dijo a la agencia noticiosa AFP Adrián Castillo, un odontólogo de 30 años, quien portaba una pancarta que decía: “fuera Piñera”.

Y pese a los llamados a la calma del gobierno, la intensidad de las protestas no cede, obligando a las autoridades a decretar por tercer día consecutivo un toque de queda en Santiago y otras ciudades del país.

Hasta el momento, “la cifra de fallecidos oficiales que tenemos que lamentar en estos últimos dos días es 11”, dijo Karla Rubilar, intendenta (gobernadora) de la Región Metropolitana.

Las muertes han ocurrido en su mayoría a causa de incendios de instalaciones en medio de los extendidos saqueos.

El Partido Comunista denuncia la muerte por un disparo policial de un joven ecuatoriano en la cuidad de La Serena (norte)

El ministro de Salud, Jaime Máñalich, informó, de su lado, que hay 239 civiles heridos, 8 de ellos en riesgo vital. El titular de la cartera de Interior, Andrés Chadwick, dijo que 50 policías y soldados también resultaron heridos, en tanto la Fiscalía dio cuenta de 2 mil 151 detenidos en todo Chile. El Instituto de Derechos Humanos reporta en tanto 37 heridos por arma de fuego.

Arranca la semana

En un ambiente de gran tensión, con varios focos de protesta, los chilenos abordaban el primer día laboral tras el estallido de las manifestaciones más violentas desde el retorno a la democracia en 1990 con el fin de la dictadura de Augusto Pinochet.

Muchos empleadores cancelaron las jornadas de trabajo y las clases estaban suspendidas en prácticamente todos los colegios y universidades.

Las autoridades calcularon en 20 mil los puestos de trabajo afectados por la destrucción y la bolsa de Comercio de Santiago cerró con una caída de 4.61%.

Si el detonante del conflicto fue el aumento de la tarifa del metro, con el correr de las horas las protestas se hicieron eco de otras reivindicaciones en una sociedad que incuba desde hace años descontento con un modelo económico cuyo acceso a la salud y a la educación es prácticamente privado, con una alta desigualdad social, bajas pensiones y alza de los servicios básicos.

“La gente está aburrida, está cansada, está dolida porque es mucho”, dijo Solange, una maestra que se manifestaba en Santiago.

“Chile se encuentra en guerra contra un enemigo poderoso”.

Sebastian Piñera Presidente de la República

Llamado a la calma

El gobierno condenó la violencia y llamó a la calma, pero el presidente Sebastián Piñera, que hasta hace pocos días se refería a Chile como un “oasis” de tranquilidad, afirmó el domingo que el país estaba “en guerra contra un enemigo poderoso”.

En el centro de Santiago se observa gran presencia militar y policial. Algunas tiendas abrieron sus puertas, pero la mayoría de los supermercados y centros comerciales permanecían cerrados o abrían parcialmente.

En algunos supermercados, las personas hacían largas filas para abastecerse de víveres. En las gasolineras había enormes filas.

La violencia de las protestas tiene a muchos perplejos, con miedo, aunque también expectantes de los cambios que podrían venir. “Se veía venir esto. El gobierno no ha hecho nada, no era solo el pasaje de metro lo que gatilló esto y terminó en vandalismo. Si el gobierno no hace cosas contundentes, medidas para mejorar los sueldos, la salud, las pensiones...”, dijo a la AFP Carlos Lucero, vendedor de sándwiches en el céntrico paseo Ahumada.

Medidas

Con dos noches consecutivas de toque de queda tras decretarse el estado de emergencia en varias ciudades de Chile y cuando cundían los saqueos y pillajes en todo el país, vecinos se organizaron para evitar ataques a sus hogares.

Armados con palos y con los chalecos amarillos que popularizaron manifestantes en Francia, defendieron sus casas, supermercados y tiendas de barrio que no fueron vandalizadas.

“La idea fue organizarnos e identificarnos entre vecinos, por eso nos pusimos los chalecos amarillos. Hubo algunos intentos de robo en el sector”, dijo Priscila, una vecina de Macul (Santiago) al canal 24 horas.

Los vecinos, en alianza con las fuerzas de orden, realizaron rondas de vigilancia junto a policías y militares que les permitieron salir a las calles pese al toque de queda.

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