IN MEMÓRIAM

Guillermo Endara, legado y lecciones

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Hoy se cumplen diez años de la muerte de Guillermo Endara Galimany (1936-2009). Le tocó defender los principios democráticos durante los años más represivos de la dictadura. Fue candidato presidencial el 7 de mayo de 1989 sin que estuviera en sus planes. La mística de sus actuaciones debe ser referencia obligada, para quienes les toca asumir las riendas del gobierno. Dio ejemplos claros del uso racional de los recursos.

La administración actual no cesa en lamentarse de la economía heredada. Pero se comporta como si el problema no existiese: gastos faraónicos, salarios desmedidos y despilfarro en la Asamblea Nacional.

Pese a las críticas, la administración de Endara (1989-1994) hizo lo correcto y en poco tiempo las chimeneas del progreso lanzaban los humos simbólicos del desarrollo de la Nación.

Hubo un aumento general para los servidores públicos y privados cuando se eliminó el impuesto sobre la renta de quienes devengaban 300 dólares o menos. Con arcas quebradas y vacías, se construyó la presa alta de la hidroeléctrica Fortuna, en Chiriquí, lo que acabó con los apagones escalonados que se daban en el país. Con el uso razonable de los recursos se logró ampliar a dos carriles la carretera que une a la capital con el distrito de Arraiján. Hubo seguridad jurídica y a los miembros de la Corte se les conoció como funcionarios de lujo por su capacidad, profesionalismo y honorabilidad.

Endara no buscó los aplausos por lo que hacía. Estaba convencido de que su mejor título era el de “servidor del pueblo”.

El presidente Laurentino Cortizo debe hojear la historia reciente y copiar parte de la conducción que tuvo Endara cuando le tocó dirigir los destinos del país.

Endara rompió el cordón umbilical que existía entre el Ejecutivo y el Judicial. “Los elijo como magistrados para que hagan lo correcto. No esperen de mí órdenes o instrucciones”, les decía a los magistrados seleccionados.

Con los directores de entidades hacía lo propio. Cuando designó a Luis H. Moreno en el Banco Nacional le dijo: “Quiero que ponga su experiencia al servicio de la Patria. Haga lo que tiene que hacer y si alguien osa en pedirle canonjías o privilegios en mi nombre, por favor me los refiere, para destituirlo”. Su humildad fue extraordinaria. Endara quería nombrar a una persona como aseadora en el Ministerio de Educación, que dirigía el maestro Marco Alarcón. Hizo toda esta ceremonia, todo ese protocolo, para solicitarle al ministro ese apoyo, de existir la oportunidad.

Endara llegó humilde a la Presidencia, gobernó de la misma forma y salió humilde. No tuvo que refugiarse en Parlacen alguno. “Si hay algo contra mí, aquí los espero, sin fueros ni privilegios”, decía.

Se rebajó el salario de forma sustancial y a los ministros no les quedó de otra que hacer lo mismo. Su mandato fue austero. Era enemigo de cortar cintas de inauguración, pues consideraba esos actos de mucho personalismo y de vanidad. Hasta su propia hija sufrió los rigores de la austeridad cuando aconsejaba disminuir los viajes faraónicos.

Hace poco, Manuel Cambra nos regaló un escrito sustancioso de este prócer. Allí se narran pasajes de este hombre que sufrió cuando supo que Estados Unidos invadiría a Panamá. Fue una decisión unilateral del presidente George Bush. Recuerdo que siendo corresponsal de La Voz de Estados Unidos de América le pregunté sobre qué preferiría él: a un Noriega en Panamá o una invasión. Sin dudarlo eligió a un Noriega en Panamá. “Mira, René, una invasión es lo más bajo que le puede ocurrir a un país soberano”.

Sobre lo anterior, el lector se preguntará por qué aceptó ser presidente cuando era mejor rechazar la invasión y combatirla. A quien piense de esa manera le digo que los resultados hubiesen sido catastróficos, donde no solo tendríamos a un gobierno de ocupación, sino que se pondría en entredicho el futuro de los tratados canaleros. Endara solo eligió lo que el pueblo decidió en las urnas: que condujera los destinos de esta Nación. Sus colaboradores más cercanos deberían escribir sobre sus vivencias para que no se olvide a este gran hombre.

(El autor fue secretario de prensa en el gobierno de Endara)

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