CSS, RADIOGRAFÍA DE UNA CRISIS

Diagnóstico del IVM anticipa su colapso

Tres síntomas avisan que lo peor está por venir: la falta de estados financieros, el déficit operativo del IVM y, luego, el aniquilamiento de las reservas del IVM.

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En 2025 no habrá dinero disponible para pagar las pensiones de los panameños que trabajaron toda su vida y que se convirtieron en jubilados de la Caja de Seguro Social (CSS).

Las jubilaciones desembolsadas a través del llamado subsistema de beneficio definido de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) tiene reservas que apenas si llegan a $3 mil 980 millones.

En atención a un cuestionario enviado por este diario, la CSS reconoció el agotamiento de estos recursos en siete años. Significa que la última sábana de contención social de una nación está a punto de romperse en Panamá. El país estaría ante un escenario de crisis, en la antesala de un caos.

Estaríamos hablando, en este momento, de más de 200 mil jubilados que en su mayoría no tendrán dinero disponible para sufragar sus necesidades. El número de ellos y sus gastos subsecuentes van en aumento en razón de su edad y condición médica.

Se trata de un problema que llega a equipararse a una enfermedad terminal, si se toma en consideración que el programa solidario del IVM deberá asumir pagos hasta 2060, calculando los años que vivirán todos los cotizantes actuales de este sistema, y los que incluso no han llegado a jubilarse.

¿Qué erosiona las reservas?

En términos prácticos, para la CSS las reservas del IVM son el equivalente de los fondos que una persona ha resguardado en un banco durante toda la vida.

Cualquiera espera no tener que verse en la necesidad de gastar ese dinero y utilizarlo para situaciones excepcionales, en vez de hacer gastos recurrentes.

Pero si los gastos anuales superan con creces a los ingresos corrientes, no hay otra opción que empezar a comerse las reservas.

Y esto es lo que sucederá en la CSS: los ingresos del IVM no compensan los desembolsos por hacerse todos los años. (ver nota: Una fórmula agotada)

Cada vez son menos cotizantes que aportan al sistema, mientras crece el número de jubilados con una mejora en su expectativa de vida.

Al vivir más años, los pagos en jubilaciones se extienden a mayores periodos, y no hay forma de hacerle frente a las obligaciones.

Cuando en 2005 se hizo la reforma al sistema de pensiones de la CSS, se sabía que esto pasaría. Los cambios en la edad de jubilación y la fragmentación del sistema no fueron el antídoto infalible para resolver el problema a largo plazo.

En ese entonces, lo que se hizo, básicamente, fue salvar a las nuevas generaciones. Con el propósito de que sus aportes no cayeran en un saco roto, los cotizantes que tenían menos de 35 años de edad en 2007, y aquellos que empezaron a cotizar desde esa fecha lo hacen a través de un sistema de cuentas individuales, llamado subsistema mixto.

Esto les permite ahorrar buena parte de sus aportaciones y así se garantiza la obtención de sus fondos una vez lleguen a la edad de retiro.

En cambio, todos los trabajadores que se jubilan actualmente obtienen su pensión del sistema solidario o definido, pero este no se nutre de todos los recursos de los nuevos cotizantes.

En otras palabras, el número de cotizantes del sistema definido se va reduciendo en la medida en que la cantidad de pensionados va en ascenso.

De acuerdo con los números reportados por la CSS, a raíz de una solicitud de información hecha por La Prensa, en 2016 se hicieron desembolsos o pagos en concepto de jubilaciones y pensiones por mil 509 millones de dólares. Un año antes, en 2015, en el mismo renglón se pagaron mil 410 millones de dólares.

Es decir, que el alza interanual fue de $98.8 millones. Y si la comparación se hace con años anteriores, se trata de una tendencia.

Pese al aporte anual de los $140 millones que hace el Estado para balancear el resultado del sistema, el crecimiento de las pensiones que se produce es tan grande que en 2017 o 2018 seguramente ya habrá un déficit de caja.

Los ingresos no pagan los gastos de pensiones y comenzará a requerirse de las reservas con tal intensidad que estas se agotarán en el año 2025.

Sistema, en peligro

Este diario tuvo acceso a los informes financieros no auditados de la CSS al cierre de 2016.

En este informe, específicamente en el estado de resultados del sistema exclusivo de beneficio definido, se observa que para 2016 las cuotas de los asegurados solo sumaron mil 302 millones de dólares.

Con estos aportes no se cubren las jubilaciones anuales, por lo que técnicamente puede decirse que el IVM ya está en rojo.

Pero semejante a un choque eléctrico, como método de reanimación, todos los años entran otros ingresos para hacerle frente a los pagos de los jubilados. Es el caso de las inversiones financieras hechas por la CSS y los aportes anuales que efectúa el Estado como parte de su compromiso adquirido a raíz de las reformas de 2005.

En este momento los mencionados aportes estatales suman $140 millones al año.

Dichos aportes dan la ilusión óptica de que las cosas andan bien. Después de todo, al cierre de 2016 la CSS computó en el IVM un flujo positivo de $40 millones.

Esto significó que después de pagar todas las pensiones y asumir los gastos del IVM, quedó un excedente o flujo de caja positivo de $40 millones.

De allí que los directores de la CSS acostumbren a decir que el IVM presenta superávit, dejando de advertir que el dinero que suele quedar para el próximo ejercicio anual, producto de los aportes del Estado, será menor con el paso de los años, en la medida en que los egresos sigan subiendo al ritmo que lo hacen.

Ahora que la CSS reconoce que el agotamiento de las reservas se dará en siete años, surgen varias interrogantes.

Una de las más importantes es si el déficit llegó antes de lo proyectado. Esto depende de los ingresos que se hayan podido recaudar en este último ejercicio.

Un factor favorable a la entidad y a sus programas es el crecimiento económico que ha tenido el país, el cual ha permitido salarios más altos y aportes mayores por algunos contribuyentes.

Sin embargo, con solo $40 millones a favor en el flujo de caja, y por otro lado con alzas en los pagos de pensiones de casi $100 millones anuales, el periodo de crisis parece haberse acelerado.

En 2016, el entonces director de la CSS, Estivenson Girón, reconoció que la institución se enfrentaba a una crisis financiera que amenazaba su existencia.

Informó que según las evaluaciones de la entidad, en 2014 y 2015 hubo un superávit operativo en el programa de IVM. Y que lo mismo iba a ocurrir hasta 2017.

Sin embargo, el funcionario añadió que de acuerdo con los estudios existentes, en 2019 podía haber un déficit operativo en el subsistema del IVM, lo que llevaría a pensar que en 2027 se podrían agotar las reservas.

Las proyecciones compartidas recientemente por la CSS indican que las reservas llegarán a su fin en 2025.

Quiere decir que sí existe la posibilidad de que el déficit operativo ya alcanzó al sistema de pensiones solidario.

Al cierre de esta edición, la CSS no había respondido desde qué año empieza a consumirse el último eslabón que le da seguridad al programa de beneficio definido.

Estados financieros, en mora permanente

Parte del problema para hacer un análisis fidedigno es que la entidad enfrenta mora en la entrega de sus estados financieros, con la excusa de que no se han auditado. De allí que no se conozca con exactitud su realidad financiera.

Se pone como excusa que deben tenerse estados financieros exactos para hacer las corridas actuariales del IVM, y dar a conocer el problema, cuando la data que tiene la CSS retrata de forma muy cercana el gran problema que se avecina.

Por otro lado, los estados financieros interinos están plagados de advertencias.

Producto de una pésima implementación de sistemas tecnológicos, la entidad dice que pasó por un periodo de adaptación que ocasionó un desfase en el levantamiento de la información.

El último informe financiero auditado corresponde al periodo terminado al 31 de diciembre de 2012, que fue remitido a la Contraloría General de la República cuatro años después.

La Contraloría es la encargada de validar los estados financieros, pero apenas hace un año se solicitaron las auditorías correspondientes a los años que van desde 2013 hasta 2016.

La situación del sistema de pensiones pone de relieve cuál es la prioridad del país, postergada por los últimos gobiernos, incluyendo el de Juan Carlos Varela.

Sin que se haya discutido ninguna solución a la vista, el hueco sin fondo en el que se ha transformado el sistema solidario del IVM obliga al Estado a hacerse a la idea de tener la obligación de cumplir con un desembolso de entre $400 millones y $600 millones para costear las pensiones de miles de jubilados.

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