Valor razonable

Cultura de y para empresarios

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Todo cambia, y si se trabaja reconociendo los espacios para mejorar, estoy convencido que para bien. Por muchos años, la tradición escolar y familiar esperaba que las estructuras académicas avanzaran en el desarrollo de los talentos de cada estudiante para que pudieran aspirar a un trabajo digno. El trabajo digno se asociaba con carreras repletas de altas expectativas vinculadas con la retribución económica recurrente y el respeto de la sociedad como por ejemplo: abogados, doctores e ingenieros. Sin embargo, hemos visto cómo la sobre oferta de estas tradicionales carreras y la forma drástica en la que la tecnología ha venido impactando nuestra cotidianidad impulsaron la aparición de nuevas oportunidades profesionales.

El cambio más transcendental en la forma en la que proveemos sustento para nuestras familias ha venido del nacimiento de un espíritu empresarial que amarra lo innovador con la necesidad particular de un cierto tipo de ser humano por convertirse en su propio jefe, alejándose de lo tradicional para que sus contribuciones profesionales tengan eventualmente un impacto en la comunidad.

Es así como empiezan a aparecer empresarios que rompen los estereotipos que acostumbrábamos a ver. Las definiciones entonces empiezan a proliferar para poder encasillar este ser humano bajo alguna etiqueta: micro, pequeño, mediano, grande. Para mí, son todos empresarios. En un tiempo pasado, al personaje deseoso por triunfar lejos de la rigidez de lo corporativo se le veía como un soñador.

Hoy sobra la estadística que apunta hacia el movimiento empresarial como un determinante motor de expansión económica y por ende, recibe el apoyo del sector financiero desde otra perspectiva mucho más pragmática. Las grandes transformaciones tecnológicas de finales de siglo XX, que hoy impactan nuestra vivencias diarias, ocurren precisamente por empresarios que se atrevieron a crear. Independientemente de cómo queramos definir a la persona, que exhibiendo un coraje extraordinario de la mano de una determinación que roza lo enfermizo por lograr resultados, sabemos que arrancar una empresa propia es un proceso rodeado de miedos y temores. El empresario exitoso es disciplinado, innovador, se adapta al cambio y se recupera de derrotas con una increíble rapidez. Estos son todos atributos existenciales, pero en adición a ello, es obligatorio tener conocimiento y la capacidad de dejarse asesorar.

En Panamá, venimos notando un involucramiento inédito entre el sector público y el sector privado en la promoción de las mejores estructuras y prácticas para que el movimiento empresarial reciba apoyo en todo sentido, para así promover que el modelo económico panameño disfrute del empuje, del deseo, de la enorme capacidad del empresario y empresaria local, creando estabilidad social y calidad de vida.

Me enorgullece pertenecer a un segmento del mundo financiero que cree fervientemente en el poder de transformación social del micro, del pequeño, del mediano empresario, y estoy seguro que en el futuro cercano tendremos una mejor cultura para promover el espíritu empresarial a todo nivel, responsable de su entorno y que llegue incluso a crear mejores ciudadanos.

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