SECTOR MARÍTIMO

El Canal retorna a la base

Cambios en el comercio global impactan la industria logística de Panamá. En este nuevo contexto, el Canal de Panamá hace hincapié en garantizar el suministro de agua suficiente para atender a los barcos, que son el centro del negocio.

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La incertidumbre del comercio mundial rodea los servicios prestados por el Canal de Panamá. El carril marino le permitió al país capturar alrededor del 5% del transporte de carga mundial. Las proyecciones tras la ampliación de la ruta apuntaban un aumento de hasta 7%.

Después de más de tres años de la inauguración del tercer juego de esclusas, es otro el comportamiento de ese índice, que hoy se sitúa en el 3.5%.

El ponderado, sin embargo, es contrario al número de tránsitos apuntados en el último año fiscal —hasta el pasado 30 de septiembre—. Los resultados son satisfactorios, más si se tiene en cuenta el tráfico de buques de gas natural licuado, con un aumento de 37.6% en comparación con 2018, y de carga refrigerada, con 14.2%. En términos generales, los tránsitos crecieron 0.7%, y el tonelaje 6.3%

La baja en el porcentaje total del manejo del comercio surge de un cambio en los patrones internacionales del comercio, advertidos ayer en la conferencia magistral ofrecida por Ricaurte Catín Vásquez en el Café con La Prensa titulado “Nuevos desafíos y visión a largo plazo del Canal de Panamá”.

Los nuevos patrones se compendian en cuatro ejes ajenos a la operación del Canal: mayor competencia, transformación en la producción de bienes de consumo y un irreversible cambio climático.

Según el administrador del Canal, el centro de gravedad del comercio internacional y de la producción de bienes se ha desplazado a Asia.

“En lugar de estar en el centro del mundo, nosotros estamos en una esquina del mundo comercial”.

El nuevo contexto lleva al Canal a replantearse su propuesta de establecer negocios complementarios al habitual tránsito de barcos. El pull de los negocios que se habían planificado, se integró de un puerto, una terminal de combustible marino, una plataforma RO–RO (vehículos) y un clúster logístico.

“Esos negocios fueron concebidos cuando las economías mantenían un mayor ritmo de crecimiento, por lo que se buscaban alternativas al negocio medular. Esta ventana de mercado no existe hoy”, dijo Vásquez, quien ponderó la urgencia de buscar nuevas fuentes de agua.

La ventana de los negocios complementarios se abrió cuando el Canal elaboró un plan maestro a raíz de la ampliación.

Fue un decenio marcado por el aumento en el tamaño de los buques en busca de una mayor capacidad de carga. Y en el que China fortaleció su poder de manufacturación hasta convertirse en el centro de producción principal, con Estados Unidos como demandante de artículos elaborados en ese país asiático.

A la vuelta de los años la realidad es otra y motiva a tomar en consideración —en el caso del activo logístico panameño más importante— una visión de muy largo plazo con medidas inmediatas que atiendan las necesidades de los clientes del Canal.

“En esta coyuntura el mundo, y en consecuencia el Canal, se encuentra en un momento de incertidumbre y de altísima volatilidad”.

Ricaurte ‘Catín’ Vásquez, administrador del Canal de Panamá. Expandir Imagen
Ricaurte ‘Catín’ Vásquez, administrador del Canal de Panamá. Roberto Cisneros

El factor Twitter

El cambio global se evidencia en la sustitución del concepto de la economía de la oferta, por otro de corte inmediatista: “la reacción al último twitt que sale en los medios de comunicación”.

Pero al contrario de la velocidad de las redes sociales, las economías del mundo “empezaron a crecer mucho más despacio”, y por ende se impacta el comercio. “Nos estamos repartiendo un mercado con un crecimiento más lento y con muchas fuerzas que compiten en él”.

Las rutas comerciales se comprimen hoy con la llegada de más competidores en un mundo con mayores barreras arancelarias y la inclinación hacia el proteccionismo y la tendencia intrarregional de intercambio de bienes, en vez de hacerse como sucedía antes, por lo general entre continentes.

El comercio intrarregional se palpa con Asia buscando preferentemente materias primas en África, el sureste de Australia y Nueva Zelanda. Y se ejemplifica con la Ruta de la Seda promovida por China, cuyas inversiones en terminales portuarias excluyen a América.

En este panorama del transporte marítimo, el cual “continua siendo el método más económicamente eficiente para movilizar ciertos bienes entre productores y consumidores”, el tránsito de barcos “es y seguirá siendo el centro del negocio” del Canal.

A propósito Vásquez reiteró: “Tenemos que velar para que la calidad del servicio que el Canal de Panamá ofrece a sus clientes cumpla con los atributos de eficiencia, seguridad y confiabilidad”.

Esta calidad de la que habla el administrador está estrechamente relacionada con el manejo eficiente del agua. Sin la cantidad suficiente de este recurso, es imposible garantizar el tránsito de barcos y de toda la carga.

Sin agua, no hay negocio

En la Cumbre de las Américas de 2015 el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, se refirió al cambio climático y sus efectos en el Canal de Panamá. Su administrador profundizó ayer en el cómo y el cuándo, pero sobre todo en el cuánto del impacto ambiental.

“No hay un solo mes de este año fiscal en el que la precipitación pluvial haya excedido o alcanzado el promedio histórico [de agua] del Canal”.

En 2018 y 2019 el Canal ha tenido dos tormentas relativamentes grandes, y le han permitido prever el recurso hídrico suficiente hasta finales de este año para abastecer el lago Gatún y sostenerse durante la temporada seca.

Vásquez anticipó que si el Canal se queda corto en su meta de alcanzar el poder de operación del lago Gatún, para mantener el funcionamiento en la temporada seca, se aplicarían “nuevas restricciones de bajo calado”.

Y cuando se toma dicha decisión, se enciende la turbina de los perjuicios: disminuye la confiabilidad del Canal, las navieras se ven obligadas a aminorar la carga y en consecuencia, ganan atractivo otras rutas comerciales.

Una parte fundamental de la confiabilidad del Canal reposa en el manejo medido y verificado del agua. A diferencia del estándar de consumo del recurso vital por parte de la población. “Son los panameños los que tienen que decidir si sigue funcionando el Canal”, y evitarla dicotomía entre consumo humano y tránsito de barcos.

Garantizar el recurso acuático depende de su volumen, calidad y control. Se han estudiado alrededor de 12 nuevas fuentes hídricas, y medidas como la desalinización del agua o llevarla desde el lago Bayano.

“Ninguna de estas opciones nos resuelve el problema por sí sola. Debemos combinar las fuentes”.  

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