Panamá Jazz Festival

Children of the Light y una conversación con Brian Blade

 Danilo Pérez, Brian Blade y John Patitucci, ‘Children of the Light’, se presentan la noche de este jueves 15 de enero en el Panamá Jazz Festival.

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Brian Blade, Danilo Pérez y John Patitucci, tres amigos que se juntan para hacer música Brian Blade, Danilo Pérez y John Patitucci, tres amigos que se juntan para hacer música

Brian Blade, Danilo Pérez y John Patitucci, tres amigos que se juntan para hacer música Foto por: CORTESÍA/Panamá Jazz Festival

Brian Blade pertenece a The Fellowship Band y Children of the light Brian Blade pertenece a The Fellowship Band y Children of the light

Brian Blade pertenece a The Fellowship Band y Children of the light Foto por: LA PRENSA/Roberto Cisneros

El bajo de John Patitucchi late al ritmo de la alegría, la tristeza o la paz que pueda producir el jazz. “Principalmente cuando toco con Brian Blade y Danilo Pérez, la comunicación es un sentimiento”, dice el músico estadounidense.

En medio del ajetreo del Panamá Jazz Festival, saca unos minutos para decir que vivimos en un momento crucial en el que el servicio a la comunidad y la unidad son importantes.En esa forma de pensar coinciden los tres músicos que trabajaron junto con Wyne Shorter y que han decido juntarse para hacer música y llevar luz. De ahí que a Patitucci se le ocurriera que cuando estuvieran juntos se llamaran Children of the Light (Niños de la luz).

“Sí, fue idea suya. Viene de la connotación bíblica que es dar luz y ayudar a otra gente. Es un compromiso de dar y ayudar, pero también viene de la relación que tenemos con Wyne, de irnos desarrollando y seguir con la misión de improvisar en el momento”, explica el pianista panameño Danilo Pérez.

El trabajo que han logrado juntos es un ejercicio colectivo, que de alguna manera dirigen todos, y el baterista estadounidense Brian Blade se siente complacido de poder mostrarlo en la primera presentación de Children of the Light en Panamá, que tendrá lugar en el ateneo de la Ciudad del Saber.

“Algunas de las composiciones que vamos a presentar esta noche están en la grabación de Panamá 500, pero también John ha contribuido con arreglos y yo he definido algunas ideas para el trío. Así que de alguna forma es un trabajo colectivo hablando de composición”, comenta Blade.“Eso es algo bonito de Children of the Light, que presentará algo equitativo”, agrega. “Espero que la gente disfrute eso”.

En los hombros de la música

Brian Blade tiene una mirada dulce y su forma de hablar lleva el ritmo de una melodía de jazz, serena, agradable. Su enérgica interpretación junto a The Fellowship Band cerró la primera jornada del Festival de Jazz de Panamá y hoy se presenta junto con Danilo Pérez y John Patitucci como Children of the Light.

El día del concierto se le vio entrar al escenario con timidez, pero frente a la batería derrochaba energía. ¿Qué pasa por su mente justo antes de presentarse?

Todo viene de mi experiencia en la iglesia, porque pienso que estoy entrando a servir. Eso lo llevo a todas partes, a un bar, a un hotel o a un concierto. Así que me preparo para entregar todo en la sala, de manera que la música pueda estar por encima de la personalidad individual, del todo. Así que es fácil para mí, ir ahí y pensar solo en tocar. Me siento más cómodo ahí que afuera en la calle. Siento que ahí es a donde pertenezco y estoy haciendo lo que debo hacer. Es cuando siento la fuerza y el coraje, y espero que la gente lo reciba.

¿Cómo comenzó The Fellowship Band?

Comenzó cuando conocí a Jon Cowherd, en 1988, cuando estábamos en la universidad. Nos hicimos buenos amigos. Durante los siguientes nueve años conocí a Chris Thomas; en 1994, conocí a Melvin Butler y a Myron Walden un año después. Luego vi que estas personas entraron a mi vida por una razón muy específica, y el sonido individual de cada una de sus voces me dio la inspiración para escribir más música, algo que no había hecho antes de 1996. Jon ya componía cuando nos conocimos, así que la génesis de la banda está con Jon, y no se manifestó completamente sino hasta 1997.

¿Por qué el nombre de la banda?

Mis padres inculcaron en mí y en mi hermano la fe en Dios y trataron de encaminarnos por ese propósito para el cual Él nos creó. A veces es un misterio, pero para mí no lo fue tanto. Yo pensé que debía hacer música y empecé a tocar la batería en la iglesia cuando tenía 13 años. Mi hermano Brady es cinco años mayor. A él también le gustaba la batería y tocaba en la iglesia. Fue siempre desde esa perspectiva de alabanza, y esa comunión que pasa cuando la gente se reúne en una forma espiritual, la música es siempre eso. Así que The Fellowship Band viene de la representación de la comunión del espíritu, la mente y el cuerpo. Esperamos que la música sirva a esa gran idea de dejarle algo a quienes la escuchan.

¿Siempre fue la batería o probó con otros instrumentos antes?

Tocaba el violín a los nueve años y luego toqué guitarra. Todo ese tiempo mi hermano tocaba la batería, creo que empecé a seguirlo a él.Por el violín y la guitarra pude escribir para The Fellowship Band. Tengo una conexión con las cuerdas. A través de la guitarra pude dedicar lo que estaba escuchando a la página escrita y escribir para otras personas. 

Eso hizo más fácil componer para otros instrumentos...

Creo que debes tener algo. Es como la tradición oral, que muchas personas escuchan y solo hacen. Y es genial, pero los estudios en los que me enfoqué en composición hacen que quiera ser cada vez mejor en lo que hago. Así, cuando todos entienden el lenguaje en el papel, es fácil poder hablar de forma más detallada, más abstracta y no solo literal. 

¿Cuáles son sus planes futuros?

Aparte de The Fellowship Band y la gira con John y Danilo, tengo otro proyecto de canciones que escribo con letras, llamado Mama Rosa. Estoy dedicando tiempo a esto también, con solo guitarra y canciones con letra. Lo trabajo con otro amigo, Daniel Lalnois, que es un escritor de canciones y guitarrista.

Finalmente, ¿qué significa la música en su vida?

La oportunidad de comunicar sentimientos profundos, algunas veces más allá de las palabras, y también dejar a las personas ese mensaje sin palabras. Es un mensaje de amor, pero también un deseo de mirar más allá de lo que ves y lograr más de lo que crees que puedes lograr. Wyne siempre dice que se trata de una mentoría para quien ve el desfile desde abajo. Una persona que mira todo pasar, pero luego ve a alguien más chico, y lo pone sobre sus hombros, y entonces esa persona ve más allá de lo que el adulto ve. Esa es la gran idea. Enseñar a las nuevas generaciones para que puedan ver más allá de lo que tú ves, más amplio, con más genialidad. 

 

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