El mercado acorrala al fútbol: entrevista con Víctor René Mendieta

El fútbol es otra víctima del desarrollo inmobiliario, dice el delantero y exseleccionado nacional, quien da un pantallazo de cómo sobrevive el fútbol en la jungla de concreto.

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Víctor René Mendieta. Víctor René Mendieta. Expandir Imagen
Víctor René Mendieta. Gabriel Rodríguez

Víctor René Mendieta era un tipo letal en el área chica. De diestra fulminante, zancadas largas y cabezazos certeros, era un delantero temido por los defensores rivales. Ya han pasado varios años de aquellas corridas eternas que finalizaron en gol, o de aquel salto infinito para cabecear al suelo y batir al arquero.

El conocimiento del fútbol, sin embargo, todavía habita en su pecho. Se nota cuando habla de la evolución del fútbol panameño, o del desarrollo de los propios jugadores. El fútbol es su vida, y así lo cuenta. 

¿Cómo describiría la ciudad de Panamá? 

Una ciudad muy moderna, hermosa. He tenido la oportunidad de viajar a muchos países, y Panamá no tiene qué envidiarle a los países del primer mundo. El avance que ha tenido nuestra ciudad es enorme, sensacional, con una dinámica de estructura fenomenal, con inversión extranjera muy buena, empresas, puertos. Es una ciudad atractiva para la inversión en todos los sentidos, incluidos el deporte y la cultura.  

¿Qué tan difícil es practicar al fútbol en la ciudad? 

La modernización de nuestra ciudad ha hecho que los espacios deportivos, o terrenos donde había canchas, hoy día estén ocupadas por edificios, empresas, puertos; que le han quitado al joven, niño, adolescente, ese esparcimiento. Entonces nuestros deportistas tienen limitaciones en espacios deportivos y nos ha convertido en un animal en la selva que poco a poco pierde sus espacios en nombre de la modernidad. 

En los últimos años las canchas grandes se fueron extinguiendo y han proliferado las pequeñas, ¿cómo impacta esto en el desarrollo de los jugadores? 

Ese espacio pequeño de alguna u otra forma aporta al entretenimiento, y si no lo tuviera, su mente pensaría en otras cosas. Pero es también un arma de doble filo, porque muchos padres no dejan a sus hijos entrenar allí porque saben que ocurren actos delictivos. 

En el aspecto técnico, todo está reducido, todo está pequeño. Hay algunas canchas grandes, pero casi sin acceso. El niño natural que crece en el barrio necesita de un espacio grande para desarrollar todo su talento. Y ahora es complicado porque no lo tiene, adquieren una técnica limitada. 

Con el mercado como propulsor de políticas públicas y privadas, menos canchas grandes significa más espacio para construir edificios… 

Desarrollar canchas grandes es una patada de mula a las personas que ven esos espacios para hacer barriadas o edificios. Ven allí no un futuro de deporte, sino negocio, dinero, desarrollo económico para ellos. Cada vez se limita más enseñar y aprender. 

En la última década, el fútbol ha aumentado su caudal de apoyo y de visibilización. Sin embargo, los estadios de la liga local no se llenan ni para la final, algo que sí sucedía antes. ¿Cuál es su lectura de este fenómeno? 

Llevar a mi familia a una final me da un temor enorme, que cuando entre o salga aparezca algo negativo, en cualquier sentido. Lo he conversado con mucha gente, y ese temor existe. La familia que quiere ir a ver el partido la tiene difícil. Con la selección es diferente, porque hay una seguridad que da tranquilidad. Nuestro fútbol ha crecido, pero a nivel de sociedad cuesta mucho aún.  

La Liga Panameña de Fútbol tiene todo para generar credibilidad ante la población pero la gente no va. Prefieren verla por televisión. Antes los equipos metían gran cantidad de gente, ahora muy poco.  

El estadio Maracaná se hizo en El Chorrillo, y el equipo de Chorrillo FC jamás pudo llenar ese estadio, siendo además un equipo ganador, campeón. La gente no apoyó al cien por ciento al equipo del Chorrillo, con nombre del Chorrillo, con estadio en El Chorrillo. Antes Tauro se identificaba con Pedregal, y la gente iba. Ni se diga con el Plaza Amador. En ese tiempo, la mayoría de los jugadores eran de las áreas cercanas al club, y había una convivencia del club con el sector que representaba.  

¿Por qué la mayoría de los jugadores panameños aspiran a jugar en Estados Unidos o en la propia liga local en lugar de soñar con Europa o América del Sur? 

Los muchachos del fútbol panameño tienen representantes que los pueden promover a nivel internacional para que que vayan y regresen en poco tiempo. Hay algo que no los deja ser aquel profesional que tiene que llegar a un país que es una vitrina y sostenerse allá por el tiempo que se pueda. A nuestros futbolistas les ha costado, les sigue costando. Es un fenómeno negativo y que lo vemos hace mucho. Venezuela, por ejemplo, tiene una gran selección sub 20 producto de que varios de esos muchachos se fueron a Europa y se quedaron allá, se dieron cuenta que la única forma de crecer es buscar experiencia. Los panameños cuando se van extrañan a la novia, la esquina, el barrio. No se adaptan a los cambios.  

¿Qué es lo que menos le gusta de la ciudad de Panamá? 

Me siento muy incómodo con la inseguridad que se vive aquí. Ya casi no voy a lugares multitudinarios con mi familia, me da temor. Prefiero evitar eso y quedarme en mi casa o estar con amigos. 

¿Qué ama de la ciudad? 

Que es un lugar hermoso. No hay nada que envidiar, con condiciones de vida muy buenas, con gran infraestructura.   

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