El escritor Xavier Velasco regresa a la década de 1980

El escritor Xavier Velasco presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México) su nueva novela: ‘Los años sabandijas’.

 

“Los años de 1970 para México, y para América Latina, fueron muy pueblerinos. En 1980 llega ese monstruo que fue el canal de televisión MTV": Xavier Velasco. “Los años de 1970 para México, y para América Latina, fueron muy pueblerinos. En 1980 llega ese monstruo que fue el canal de televisión MTV": Xavier Velasco. Expandir Imagen
“Los años de 1970 para México, y para América Latina, fueron muy pueblerinos. En 1980 llega ese monstruo que fue el canal de televisión MTV": Xavier Velasco. Daniel Domínguez Z.
Pac-Man, el cubo de Rubik, los chips, las máquinas de fax, el Walkman... Las hombreras, los brazaletes de cuero, el maquillaje recargado... Si estos objetos y tendencias de la moda hicieron clic en tu memoria, quiere decir que fuiste testigo de la década de 1980. Si te parece que se trata de una visita guiada a una época primitiva, entonces fueron tus padres quienes te hablaron de aquellos años.
Ya sea que estuviste en esa época de faldas rectas o si eres aficionado de discos “viejos” de Madonna o bien te entra curiosidad saber sobre el terremoto de México de 1985, entonces puede que te guste la novela Los años sabandijas (Planeta), un viaje al pasado reciente que tiene como guía y capitán a Xavier Velasco.
Al escritor mexicano le pidieron que redactara una crónica sobre los 1980, y como no le sienta bien eso de hacer caso, decidió pensar en otras opciones. Aunque no tenía del todo claro el cómo, sí comenzó la búsqueda de almanaques de aquel entonces. Cuando pasaba sus páginas volvió a pensar que esto se trataba más de una tarea escolar que un acto de creación y llevó a cabo lo que siempre hace cuando la realidad en la que está inmerso no le gusta: hace otra cosa, y por eso se fue por la novela.
Ya no tiene un cuaderno como los de su infancia, donde ponía unos garabatos pequeños que después se volvían historias. Ahora anda con un IPAD de esos que tiene un teclado incorporado. Cuando nos citamos para conversar sobre Los años sabandijas en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México),  redactando una columna usando esta modernidad.
Su forma de fugarse siempre ha sido escribiendo. Este compromiso editorial no fue la excepción. En vez de algo formal en torno a ese período en que Argentina e Inglaterra hicieron la guerra por las Malvinas, ubicó su trama en medio del concierto que ofreció la banda The Police en noviembre de 1980 en México y sus protagonistas principales fueron unos  estafadores. Se sentía en su elemento porque unos de sus autores preferidos, desde los 14 años, son los maestros de la picaresca: Miguel de Cervantes Saavedra y Francisco de Quevedo. 
“En este mundo quienes ganan son los pícaros”, dice, aunque los que le preocupan son las figuras públicas que parecen buenos, porque los malos se les reconoce  pronto y ya sabes qué hacer, con las supuestas blanca palomas no porque van encubiertos. “Ese es el riesgo y el juego”. 
En un salón del Hotel México (hoy World Trade Center) se llevó a cabo la presentación de un grupo que tenía dos discos y que fusionó  el rock con el pop, el jazz, el regué y el punk.
El propio inmueble que fue testigo de la presencia de Andy Summers, Stewart Copeland y Sting fue un símbolo de un futuro escurridizo para su país. “Por lustros fue como una mancha negra en México D.F. No estaba terminado después de décadas, pero habilitaron un piso para convocar una rueda de prensa y al lado sería el concierto. Era un ambiente de semirruina y  fraudulento”.
Uno de los asistentes al concierto fue Xavier Velasco. Recuerda a Sting llevando un bulto extraño que nadie sabía qué era hasta que alguien comentó que era un walkman, igual que el inicio de Los años sabandijas. “Era la primera prótesis tecnológica portátil de la historia, pero no servía para caminar mejor, sino para escaparnos del ambiente real a través de un paisaje auditivo”.
Xavier Velasco tardó poco en conseguir el dinero para tener un walkman. “Ese aparato me ayudó a escaparme de cada trabajo donde estaba. Me daba la posibilidad de ignorar al mundo”. En ese aparato escuchaba al grupo británico de punk Clash. 
“Los años de 1970 para México, y para América Latina, fueron muy pueblerinos. En 1980 llega ese monstruo que fue el canal de televisión MTV. De repente, todos escuchamos la misma música de Sting o de Mick Jagger porque veíamos cómo se movían sus canciones con las imágenes”.
Los 1980 estuvo lleno de sorpresas, opina. “Era la sensación de que estabas llegando al futuro cuando alcanzamos 1984 (en referencia a la novela de George Orwell). Eso le dio el valor a muchos para pintarse el pelo o ponerse hombreras. Los 1980 fue una fiesta de disfraces buena para los pícaros”.
Él entró a esa fiesta como “un escolar desobediente y salí como un proyecto muy magro de escritor. No me sentía preparado, entonces supe que me ayudaría  meterme en todos los problemas posibles, que luego llegaría el momento de resolverlos”.

En esta obra indaga sobre la moda y la música, la política y la economía, el lado luminoso y el costado sombrío de la sociedad durante la década de 1980.

INSTANTE FUGAZ
Después vinieron otras prótesis: ha comprado todas las consolas de videojuegos existentes hasta la fecha, así como todos los tipos de celulares. “Son muy latosos. ¿Por qué tengo que cargar la oficina conmigo a todas partes? Es más el morbo de tenerlos que otra cosa”.
Lamenta que hoy se viva tanto en el instante. “El anteayer desapareció y ahora todo parece viejo. La tecnología nos ha acostumbrado a eso. Casi no me acuerdo de cómo era el mundo antes del Iphone, y eso fue en 2006. Todo se ve arcaico y envejece demasiado rápido. En los años 1980 las cosas no envejecían tan pronto”.
Lo que sino no ha cambiado mucho es la literatura. “Mientras no exista una experiencia comparable a leer, las novelas  seguirán siendo necesarias. Los críticos por años han anunciado el fin de la novela y sigue vibrante”.
Lo que sí puede cambiar de piel es la música. Mientras escribía Los años sabandijas ponía las canciones de cada año, por lo que pasó del punk al rock, y eso le funcionó para crear los ambientes necesarios. Armó 30 listas de canciones diferentes hasta que dio con el menú perfecto. “Yo no quería una novela sobre los 1980 sino contarlas desde 1980. Llenarme de esos años, engañar a mi cabeza y decir que estaba de nuevo allá”.
Xavier Velasco plantea que le fue interesante escuchar música que no le gustaba y volver a oírla desde la perspectiva de un personaje suyo que la adoraba hizo que la valorara mejor. Así descubrió música que detestaba de joven y que en este presente no le parecían tan terribles como fueron las canciones de su compatriota Luis Miguel y que otras que adoraba las vea ahora como “infumables” y cita el caso de la banda de rock británica Pink Floyd. “A Flans jamás las escuché, hay que tener límites morales”.
Los años sabandijas es una novela coral.  “Nunca había incluido tantos personajes en una novela y nunca me había obligado a contar de forma tan vertiginosa. Eso era lo que me pedían los 1980. Cuando la terminé volví a escuchar esa música y, sorpresa: había envejecido 30 años. Con la novela quise mantener viva la emoción y no la nostalgia. Quiero que un lector de 15 años viva los años de 1980 como si él estuviera allí”, indica.

“Mientras no exista una experiencia comparable a leer, las novelas seguirán siendo necesarias”, opina Xavier Velasco (noviembre de 1964, Ciudad de México).

HECHOS
De aquel tiempo rememora dos hechos que siempre estarán en su memoria: cómo el peso mexicano iba perdiendo fuerza ante el dólar, por lo que la economía iba de mal a peor, pues pasar de 23 pesos por dólar en 1980 y otra muy distinta es que en una casa de cambio te dieran en 1989 unos 2,700 pesos por dólar. “En 1980 con 15 mil pesos vivía muy bien y al final de la década con ir a dos restaurantes se me acababa el dinero. Fue un padecimiento y una agonía. Había la sensación de que el dinero no valía nada. Seguimos sobreviviendo como sabandijas, viendo qué trucos hacer porque el gobierno nos volvía a fastidiar y la bolsa de valores se llevó en banda a la clase media. Los 1980 fueron ambiciosos, pero nosotros vivíamos en una constante movilidad social”.
El otro acontecimiento que le marcó: el terremoto de México el jueves 19 de septiembre de 1985. Recorrió las calles, desde la mañana hasta las 2:00 p.m., para ver el desastre, no por morbo, sino porque algo le decía que era testigo de un momento histórico. “Cuando mataron a Luis Donaldo Colosio en 1994 (político mexicano) me pasó igual. Estuve tres horas viendo el funeral porque me decía que estaba viendo la historia pasar y eso algún día podía servirme para escribir algo de esto. Lo del terremoto fue algo desolador, pero al mismo tiempo era como estar viendo una película de desastres. Me sentía dentro de Mientras el destino nos alcance (1973, dirigida por Richard Fleische). Como novelista estaba fascinado, como persona estaba devastado”.
Dice  que hay  un movimiento cíclico. En los años 1980 los mandatarios de Estados Unidos eran los republicanos Ronald Reagan y George Bush y pronto estará sentado en el Salón Oval otro conservador: Donald Trump. “Espero poder burlarnos del nuevo payaso y ser capaces de darle la vuelta a la situación. Por más sabandija que sea Trump, nosotros sabemos más que él”.

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