Cierta caída libre de la serie 'The Walking Dead'

Esta séptima temporada de la serie de televisión 'The Walking Dead' va de mejor a regular.

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'Cántame una canción' (Sing me a Song) ha sido un poco mejor que el episodio 'Swear'. 'Cántame una canción' (Sing me a Song) ha sido un poco mejor que el episodio 'Swear'. Expandir Imagen
'Cántame una canción' (Sing me a Song) ha sido un poco mejor que el episodio 'Swear'. Cortesía

A The Walking Dead no le ha funcionado eso de hacer capítulos enteros, o casi completos, en torno al destino de algunos de sus personajes, por más que sea saludable que esta serie de televisión no dependa tanto de la figura de su líder Rick.

Está bien que el espectador sepa qué paso con fulano o zutano, pero esa información debería ser más y mejor segmentada, de forma tal que en un mismo episodio sepas cómo le va a varios de los hombres y mujeres que sobreviven a los zombis y no por partes, como lo ha desarrollado este programa semanal, pues hay que ser sincero, los conflictos del padre Gabriel (Seth Gilliam) o de otro personaje secundario no son tan sustanciales como los de Daryl (Norman Reedus).

De allí que los tres primeros capítulos de esta séptima temporada han sido interesantes, y el resto, mucho menos, por manejar un ritmo a velocidad de carreta como pasó en el episodio 6, Swear, en el que Tara  ( Alanna Masterson) y Heath ( Corey Hawkins) demostraron que las dificultades y los retos de ambos no atraen la atención de casi nadie.

Por ejemplo, el séptimo capítulo, titulado Sing me a song, es potable porque ha cubierto más de un frente narrativo, aunque se ha vuelto a comprobar que más que Rick ( Andrew Lincoln), quien mantiene a flote la fuerza dramática de  The Walking Dead es Negan, aunque no sé si esta figura podrá mantener esa presencia por lo que resta de esta temporada y por la octava, salvo cuando ocurra su derrota.

De regreso a Sing me a song, un episodio que nos recuerda que Carl despierta emociones contrarias: o estimas su valentía irresponsable de ir donde Negan ( Jeffrey Dean Morgan) a tratar de eliminarlo en su propio terreno o te harta su actitud de frágil seguridad, que a la larga solo lo mete en problemas cuando visitó la casa de Los Salvadores y tuvo una pésima puntería (por más que haya eliminado a dos enemigos).

Carl fue el pretexto para que conociéramos cómo era un sector de los dominios de Negan, entre ellos, su harén de esposas, y más datos de la dinámica de sometimiento que ejerce este brutal líder sobre sus súbditos. Como muestra, su estilo de que a fuego aprende la gente mejor sus lecciones de vida como experimentó en carne propia Mark ( Griffin Freeman) y en el pasado  Dwight ( Austin Amelio). ¿Será esta nueva muestra de crueldad la que incentive a los adeptos a Negan a revelarse de su mandamás?

Como pasa en el cómic, en la serie también fue válido ese instante de humanidad de Negan cuando al exigirle a Carl que se quitara la venda de su ojo vacío, el chico llorara desconsolado y el villano se sintiera que se le había pasado la mano en maldad.

Otra secuencia positiva fue cuando Negan, por culpa de Carl, visita de forma sorpresiva a Alexandria y termina cargando, con sádica ternura, a Judith ( Chloe y Sophia Garcia-Frizzi). Mientras que uno se pregunta si será verdad o mentira el contenido de ese pedazo de papel que recibe Daryl en su regreso al encierro forzado. ¿Será el principio de su escape y reencuentro con los suyos?

Debo confesar que cansa un poco el control mental de Negan sobre los suyos y que estos no hagan nada para remediarlo. Él es solo una persona y son tantos Los Salvadores, que bien cualquiera de ellos podría agruparse y revelarse contra él. Entiendo que no lo haga nadie del equipo de Rick (ni siquiera Carl cuando tuvo a Lucille en su mano) por miedo a represalias como las que le costaron la existencia a Glenn y Abraham, pero de los suyos tienen menos que perder.

Aunque fue prometedor el descubrimiento que hicieron Rick y Aaron ( Ross Marquand), que encontraron un arsenal impresionante de armas, salvo que deben sortear un mar de zombis.

Más allá de eso, los productores deben evaluar qué van a hacer con los siguientes capítulos de The Walking Dead, pues los últimos tres episodios han provocado una caída libre a los niveles más bajos del programa desde el 2013, hasta llegar a los 11 millones de televidentes en Estados Unidos (no es que sea una cifra por completa deplorable, aunque bien podría ser mayor si le pusieran más empeño a las tramas).

Esta es una cifra reducida si se le compara con los 17 millones de televidentes estadounidenses que vieron cuando Negan les aplastó el cráneo a Glenn y a Abraham .

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