Rogelio Sinán en la memoria de su amigo César Young Núñez

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Narraciones Panameñas, que por entonces era docente del Instituto Nacional.

Entra al universo de Sinán “a través de un soneto que el poeta José Franco se sabía de memoria”, rememora el autor de libros como Poemas de rutina y Carta a Blanca Nieves.

Lo primero que leyó de Sinán fue La boina roja y le encantó “por el desinhibido realismo erótico y poético”, indica quien recibe esta tarde la Condecoración Rogelio Sinán.

Esta distinción, que corre por cuenta del Ministerio de Educación, el Instituto Nacional de Cultura y el Consejo Nacional de Escritores y Escritoras de Panamá, es “un virtual reconocimiento a mis largos años de dedicación a la escritura de poesía y a la crónica literaria”.

La recibe “con cierta dosis de asombro y una cucharada de incredulidad”.

La condecoración, que consiste en una medalla de oro y una recompensa de 10 mil dólares, se debe entregar cada 25 de abril, fecha en que se celebra el Día del Escritor Panameño, en conmemoración del natalicio de Rogelio Sinán, pero en esta ocasión se suspendió.

Este giro hizo que se sintiera “contrariado, pero no con ganas de matar a nadie. La fecha se cambió a razón de las elecciones presidenciales”.

Ahora el evento fue el martes 20 de junio en el Teatro Nacional.

Mientras que ayer, en la librería Exedra Books, sus amigos le brindaron su propio homenaje, “un acto de amor y solidaridad que llevaré en el alma hasta que se apague el Planeta Plutón César”.

EL AUTOR

Rogelio Sinán (1902-1994) es el responsable de poemarios clásicos como Onda (1929), Incendio (1944) y Semana Santa en la niebla (1949).

De la obra de este bardo, su colega y amigo César Young Núñez, quien obtuvo el 20 de junio la condecoración Rogelio Sinán en el Teatro Nacional, destaca “su impecable rigor métrico y su tono riguroso en la música del verso”.

La novela de su amigo que más le ha calado fue La Isla Mágica (1979), “por su truculencia y la invención de lo real maravilloso y crudo”.

Cuando se le consulta sobre el Sinán dramaturgo, que deja su huella en la escena teatral istmeña con piezas emblemáticas como Chiquilinga (1961) y Lobo Go Home (1976), pondera el “pleno dominio del manejo de la acción y de la solución dramática”.

Con relación a Sinán, desde el punto teatral, presencia dos montajes, uno en el Teatro Central y otro en el Bohío Agewood, que “fueron éxito de taquilla, cuyos títulos no retengo”.

Aunque de las piezas pensadas para los escenarios se inclina principalmente por La Cucarachita Mandinga (1937), “por su pericia y el extraordinario enfoque de los valores a través de una farsa infantil”.

Por ser Sinán un creador clave de las letras de este territorio, lamenta que “el panameño promedio desconoce la maravillosa obra de este maestro”.

EL SER HUMANO

Ahora César Young Núñez pone en relieve al Rogelio Sinán de carne y hueso.

Por ejemplo, tiene presente que cuando don Rogelio “se encontraba con algún pelafustán en la calle, le decía adiós y seguía su camino en forma rauda”.

Cuando se le pide un recuerdo sobre su amigo, a su mente le llega una de las frases favoritas de su mentor: “Me parece muy bien”, rememora Young Núñez, quien nació en la ciudad de Panamá el 24 de abril de 1934.

Da otra muestra de la personalidad de Sinán, quien además fue docente, diplomático, periodista y director de teatro.

Un día Young Núñez y Nela Carmona, que asistían a los cursos literarios que dictaba con regularidad Sinán, “lo invitamos a saborear unos helados de jobo, y él nos dijo que le parecía muy bien, y a toda invitación que le hacíamos contestaba lo mismo, me parece muy bien”.

AMIGO DE CASA

La amistad de César Young Núñez con Fabián Echevers y Dimas Lidio Pitty, director y asistente de la dirección de La Prensa, respectivamente, llevó a que fuera colaborador de este diario en la década de 1980.

Así, los lectores de este periódico de aquella época entraron en contacto con este narrador de la mano de sus columnas “Las gafas de Groucho Marx” y el “Viaje submarino en veinte lenguas”, firmadas por Julio Viernes.

Decide que fuera Julio Viernes “por la relación del título de la columna con Veinte mil leguas de viaje submarino, la novela de Julio Verne”, explica quien ha obtenido menciones de honor en el premio nacional literario Ricardo Miró en 1962 por Del otro lado del viento y en 1965, con Poemas de rutina.

Después su hábil pluma pasa a la revista “Ellas” de La Prensa, donde durante casi 25 años aparece su columna “Cartas a Julio Viernes”, que luego se traslada al suplemento dominical “Mosaico” y ahora cada mes deslumbra en “Mosaico Dominical”.

¿Qué les parece las columnas de don César Young Núñez?

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