¿Por qué un Nobel de Literatura para el cantautor Bob Dylan?

Quizás más de uno se sorprendió al saber que el cantautor estadounidense Bob Dylan obtuvo hoy el Premio Nobel de Literatura 2016.

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Bob Dylan, de 75 años, es el poeta y músico emblemático de su generación. Bob Dylan, de 75 años, es el poeta y músico emblemático de su generación. Expandir Imagen
Bob Dylan, de 75 años, es el poeta y músico emblemático de su generación. La Prensa\Archivo

De la mano de Bob Dylan se me cumplió hoy uno de mis sueños más queridos: por años he dicho, en público y en privado, que el Nobel de Literatura debía ampliar su concepto de lo que es arte escrito. Siempre decía que a lo mejor no estaría vivo para ser testigo de aquello, y miren la dicha, respiro, pienso y siento mientras me emociono al saber que el compositor y cantante estadounidense se llevó la gloria que él merece y que merecen los que también ejercen su oficio.

Siempre he comentado que la máxima conquista de las letras mundiales debía incluir el trabajo de los cantautores y a los creadores de las novelas gráficas.

De seguro más de un lector, activo o no tanto, debe estar ahora confundido o enojado o decepcionado porque el premio en 2016 no recayó en un dramaturgo, un novelista o un poeta. 

Aunque, si vemos con cuidado y en detalle las letras de las canciones de Bob Dylan, entonces descubriremos que sus piezas son relatos cortos, crónicas urbanas, y más de una, con su rima y su cadencia, es poesía en toda regla.

El Nobel de Bob Dylan no se queda en aquel que nació como Robert Allen Zimmerman en 1941, en Duluth, Minessota. Ese honor se extiende a todos los cantautores estadounidenses, desde los formadores como Joan Báez, Lou Reed y Leonard Cohen, hasta las generaciones de relevo como Kurt Cobain y Tracy Chapman.

Esta distinción también recae en los talentos nuestros que han recorrido ese camino de construir arte desde la palabra cantada: Rubén Blades, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés...

El Premio Príncipe de Asturias de las Artes ya dio el primer paso, cuando en junio de 2007 le otorgó su distinción a Bob Dylan. Por entonces, el jurado que tomó esa decisión porque lo calificó como un "mito viviente" y un "faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo".

El músico de 75 años, cuyo primer álbum fue Bob Dylan (publicado en 1962), obtuvo el Nobel de Literatura, de acuerdo a la Academia Sueca, por "haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense".

Las canciones de Bob Dylan, como ya lo hicieron otros grandes en otros tipos de escenarios (de Shakespeare a Brecht), son testigos de su tiempo, son el eco de los que luchan, de los que pierden, de los que aman.

Su trabajo echa mano de todo lo que tiene cerca Dylan, desde sus lecturas de Petrarca, la música de Robert Johnson y Woody Guthrie, hasta sus constantes alusiones bíblicas, pasando por otros alimentos que lo influyen sobremanera: el cine, la televisión, la política, la economía, las conversaciones de los suyos y el llamado hombre de la calle con sus dilemas diarios.

El autor de Subterranean Homesick Blues, Mr. Tambourine Man, Just Like a Woman, Tangled Up in Blue y Maggie's Farm ha hecho cátedra combinando lo intelectual con lo sacro y lo popular, y no solo desde el folk y el rock, sino también desde el blues y el country.

Bob Dylan, y su generación, son juglares modernos, a los que les importa la letra y la emoción de lo que narran, por lo que no buscan crear un show repleto de luces, que incluye coristas hermosas que ofrecen complicadas coreografías, ni desean ofrecer montajes impresionantes.

Lo suyo no es pavonearse por tener una voz extraordinaria o cambiarse varias veces de ropa durante sus recitales. Su labor, guitarra en mano, es acompañar y darle presencia al desamparado, al que está en medio de un caos existencial o una crisis financiera.

Bob Dylan es un hombre libre que canta y un revolucionario que escribe sobre la vida, la suya y la de los demás. Sus canciones se concentran en los derrotados por las dictaduras, la democracia o por Wall Street, es decir, en los inmigrantes que dejan su patria por presión o desesperación, en los que no tienen hogar ni familia, en los que pierden su trabajo o su casa o sus ilusiones.

 

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