Jorge Zepeda Patterson: de reportero a novelista

Jorge Zepeda Patterson presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara su nueva novela ‘Los Usurpadores’ (2016).

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“Es más fácil ser escritor que periodista”, dice Jorge Zepeda Patterson mientras se ríe. “Es más fácil ser escritor que periodista”, dice Jorge Zepeda Patterson mientras se ríe. Expandir Imagen
“Es más fácil ser escritor que periodista”, dice Jorge Zepeda Patterson mientras se ríe. Daniel Domínguez Z.
Jorge Zepeda Patterson fue periodista por más de 25 años. Para este autor mexicano lo usual era escribir noticias  para el diario El País de España y después dirigir periódicos como el Siglo 21 y El Universal de México. 
Era un juego de niños andar preguntando a sus fuentes de información sobre temas sociales, políticos y económicos. Ahora, desde hace tres novelas, es a quien sus colegas le hacen las interrogantes. Al principio ese cambio de responsabilidades lo dejó  extrañado. Ahora ya está más que acostumbrado.
Bueno, ser finalista del Premio Hammett de novela negra por su primera obra de ficción, Los Corruptores (2013), y después ganarse el premio Planeta, el de mayor recompensa en metálico de Iberoamérica (unos 176 mil dólares), por Milena o el fémur más bello del mundo (2014), fueron sus mejores entrenadores. 
“Es más fácil ser escritor que periodista”, dice mientras se ríe.
Zepeda Patterson participó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, con Los Usurpadores (2016), con la que cierra un ciclo de publicaciones en las que analiza distintos estadios del poder.
Cuenta que el uso del idioma es su primer recurso para narrar historias, y ese músculo lo tiene desarrollado gracias a la comunicación social; y en segundo lugar, ubica en importancia la imaginación de crear tramas, la que en parte de cierta manera es fruto de sus años como reportero, aunque también le ayudó su experiencia, desde niño, de ser un lector disciplinado, cuando entraba en la piel de personajes como el Otelo de William Shakespeare o la Madame Bovary de Gustave Flaubert. 

La obra de este ganador del premio Planeta gira en torno a los límites y las responsabilidades del poder presidencial en México.

Estar en una sala de redacción le ha permitido saber qué palabra, verbo o adjetivo es el preciso para una escena en sus novelas. “No sé lo que es ser escritor y tener una página en blanco, porque nosotros los periodistas sabemos lo que es entregar  una nota en dos horas y punto. Eso sí, debo dejar de explicar y contextualizar tanto en mis libros como lo hace el periodista en sus reportajes. Hay que conocer los límites de ambos oficios”.
Sus novelas son complejas y ambiciosas porque usa muchos personajes, sitios, situaciones, factores y variables. Su trilogía, enmarcada dentro del thriller político, tiene como hilo conductor el poder detrás de las bambalinas. “El poder tiene una carga positiva, y eso va a depender del contexto y en el cómo se ejerce. Si no tiene contrapesos que le pongan límites adquirirá su peor rostro: la impunidad”.
El problema es cuando ese poder se sale de cauce, y es algo que pasa con frecuencia en América Latina, opina. “En nuestros países nunca hemos podido confeccionar un tejido de instituciones capaz de oponerse al poder del caudillo o de los salvajes que crecen entre esa impunidad”.
Para el lector, ingresar al territorio pantanoso del poder desde la novela policíaca, explica, le permite no solo distraerse, sino también le ofrece una experiencia de comprensión del poder, “siempre y cuando la novela  sea honesta, y satisfaga el criterio de verosimilitud, de que esa realidad amplificada sea posible que pueda ocurrir”. En la medida que cumpla esa función de lo posible,  entonces, leer será “una experiencia didáctica. Se debe manejar una exageración realista, y esa medida, iluminadora”.
De la mano de sus tres novelas, el mexicano Jorge Zepeda Patterson aprendió a profundizar en la antropología y en la psicología del poder. 
Busca explicarle al lector, y a sí mismo, el porqué se comportan de cierta manera los hombres y mujeres que están arriba, en la cima de quien tiene el destino de los demás en sus manos.  De salida, siempre creen que se pueden salir con la suya, advierte, y allí es cuando la literatura permite entender sus motivaciones y sus debilidades, “es una cierta indagación desde un diván de lo que es el poder”.
En su nueva novela Los Usurpadores (Planeta) se registra una maduración de esas reflexiones sobre los que tienen la sartén por el mango. Lo suyo es comprender al mandatario mexicano de las últimas décadas cuando está por terminar su período y piensa cómo perpetuar su capacidad de influir, y sospecha que la frustración en el resto de los presidentes de la región no debe ser tan distinta. 
“Se ponen a pensar el poder absoluto que van a perder y lo que eso puede significa para él y los suyos. El poder ejerce una fascinación absoluta sobre los hombres públicos, porque el poder es muchísimo más que la riqueza, desde luego, entraña una seguridad económica, pero sobre todo, el poder tiene un efecto que embelesa y embriaga al saber que la vida de otros depende de sus decisiones”.
Un segundo elemento que también es adictivo, indica, es el atributo de la transgresión sin reparos. “La posibilidad  de que los otros mortales no pueden hacer ciertas cosas. Esa es la droga, la sensación pueril de ser el Trujillo dominicano ( Rafael Leónidas Trujillo, dictador entre 1930 y 1961) que veía a una chica que le gustaba y ordenaba que se la trajeran al automóvil, hasta la sensación de que las leyes no operan contra ellos porque son excepcionales”.
El escritor, cree, no tiene poder alguno. A lo mucho, algunos elegidos  pueden influir en otros y trascender con su escritura si el lector así se lo permite, aunque de esos hay pocos. A Zepeda Patterson se le ocurre en América Latina pocos casos y pone como ejemplo el peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura.

Jorge Zepeda Patterson lamenta que hoy el principal mérito de muchos es ser famoso en las redes sociales.

CLASE POLÍTICA
Ya que Los Usurpadores se adentra en  la dinámica presidencial, se le pregunta cuál fue el último mandatario mexicano excepcional. Tardó en responder: Lázaro Cárdenas, que gobernó entre el 1 de diciembre de 1934 y el 30 de noviembre de 1940.  “Reciente no hay  ninguno meritorio. No hay competencias reales meritorias. El resto ha ofrecido un desempeño mediocre y con ascensos sin méritos, tienen más que ver con la lealtad partidaria y el servilismo a lo interno de la propia y pobre cultura política”. 
Eso, plantea, erosiona la posibilidad de que espíritus fuertes y valiosos tomen las riendas del gobierno. El sistema está en declive, destaca, y por eso los mejores ciudadanos no desean saber de política.  “Esto me parece que es universal, por lo que ocurre en otras partes”.
Ve complicadas las elecciones presidenciales mexicanas de 2018. En parte, por el desencanto que hay por la clase política de su país, “y por el vacío de los partidos políticos, que no sostienen banderas ideológicas porque son meros cascarones de poder, que están en medio de luchas fratricidas internas”.
Encima, el contexto internacional tampoco es que ayude. El ascenso a la presidencia de Estados Unidos del republicano Donald Trump “hace que todo sea más complicado para México. De por sí que ya teníamos una agenda sin resolver con el tema del crimen organizado, la ausencia de crecimiento económico, la desigualdad social, la injusticia y otros males crónicos, y llega más turbulencia con Trump, quien nos acusa de delincuentes”.
No entiende cómo este empresario llegó a la Casa Blanca. Resalta que hay varios factores. Entre otros, porque no representa a la clase tradicional política, y Hillary Clinton, del ala demócrata, sí lo era, “ella venía de una dinastía y apareció en un mal momento histórico”.
“Es absurdo que Trump esté sentado en la posición más poderosa del mundo. Ganó por el descontento del hombre blanco de la clase trabajadora, era la bandera del cambio, y por ser la premiación del éxito en las redes sociales y del infoentretenimiento”. Todo jugó a favor de la personalidad mediática de Trump, anota. 
Además, el triunfo de este magnate forma parte de la hoy sociedad banal, en la que hay seres famosos por ser famosos, sin hacer nada, y cita el caso de Kim Kardashian, quien es conocida por ser ella misma, ya que no es actriz ni cantante ni modelo ni deportista... La cultura de masas de hoy está a favor de la celebridad porque sí, sin fundamento ni justificación, explica Zepeda Patterson, quien agrega que ahora vela más parecer que la verdad.

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