VENEZUELA

Lo absurdo del poder

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Pretender perpetuar medidas o políticas claramente rechazadas por el pueblo es la más clara evidencia de que el futuro del Gobierno venezolano se derrumba de manera irreversible, dando al traste con lo que en su principio se había ganado la simpatía de muchos pueblos vecinos, la revolución del siglo XXI ideada y conducida en sus inicios por el expresidente Hugo Chávez.

De todos es conocido que el proceso revolucionario bolivariano desde sus inicios no contó con el respaldo minoritario de los sectores recalcitrantes de la sociedad venezolana, generalmente apegada a prácticas de enriquecimiento desmedido, aun a costa del sacrificio del erario, el cual antes de la Revolución Bolivariana no sumaba lo suficiente para atender las necesidades básicas del pueblo, cambio que en efecto desarrolló los inicios del movimiento bolivariano.

Quienes hoy ostentan el poder en el período post Chávez lo hacen en la saga de producir enriquecimiento para una cúpula y so pretexto de una revolución ya desvirtuada y desnaturalizada. Venezuela está sumida en los más cruentos métodos de represión, de conspiración contra los grupos organizados no adeptos al régimen y de censura de sus principales medios, con lo cual se hiere de muerte a la incipiente democracia, ya que en su pasado estuvo largamente tutelada por regímenes dictatoriales nada distintos a los actuales.

El chavismo fundamentó su metodología en la consulta, el debate y en el discurso deliberante, lo contrario con Maduro, cuya incapacidad lo ha llevado hasta a desconocer los elementos esenciales básicos del Movimiento Bolivariano, cuyo principio es “Al Pueblo la Razón”, tantas veces repetido por quien dicen seguir.

Una parte ya mayoritaria del pueblo venezolano, que ayer incluso era el respaldo del Movimiento Bolivariano, se pasa a los sectores de la oposición, por tanto que es parte del sufrimiento del desabastecimiento, represión física y económica, desinformación, inestabilidad y víctimas de la creciente delincuencia, entre otros males que les afectan.

La fortaleza de un Estado está en la credibilidad de sus normas y leyes y no en el acomodo de estas para beneficiar intereses del grupo en el poder, y con esto el gobierno como su inmediato administrador se robustece con la empatía de su pueblo. Tal cual como lo explican las leyes naturales de la correspondencia y no correspondencia, si el pueblo percibe que no hay correspondencia entre la conducción del gobierno y sus necesidades más elementales, sin ninguna duda se produce la crisis y se acentúa en la medida en que este, el pueblo, logra esclarecerse de lo irreconciliable que son sus necesidades y los intereses políticos del gobierno. Es por ello que la agitación de masas en las calles de Caracas y pueblos importantes de la hermana Venezuela se hacen extensos y cada día que transcurre surgen nuevas inventivas de lucha, más acentuada y con más resolución contra el régimen. No ha habido dictadura ni forma de gobierno parecida que dure o sobreviva a un alzamiento popular, y es que cuando un pueblo enérgico y viril llora, los cimientos de las dictaduras tiemblan y se desmoronan; así nos lo enseña la historia, las dictaduras, más de derechas que de izquierdas, no han resistido ni sobrevivido a la voluntad inquebrantable de los pueblos.

El pueblo venezolano tiene sus preferencias de índole económica, y estas quedan claramente definidas en el poder adquisitivo de obtener los bienes y servicios que le produzcan niveles de satisfacción. Como ir libremente a los supermercados y obtener los víveres de consumo y de aseo personal sin ninguna restricción más que el precio. Los venezolanos, parecidos en esto a los panameños, mantienen y quieren seguir manteniendo el desenfrenado consumismo; mientras fuerzas traten de cambiar esa preferencia, ahí seguirá el pueblo haciendo resistencia.

El autor es economista y docente universitario

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