FUTURO DE LA NACIÓN

Panamá, moderación radical

En un mundo dominado por la intransigencia ideológica de extremismos de izquierdas y derechas, proponer para nuestro país la moderación presenta muchas dificultades. Sin embargo, yo nunca he pensado en soluciones fáciles cuando se trata de nuestra nación.

Comienzo por decir que no veo país alguno que esté logrando progresar, basado en extremismos. Ciertamente, no queremos parecernos a Venezuela ni a Estados Unidos, que sufren hoy de extremismos de distintos colores. Siento que la tarea de moderación debe tener, como objetivo, ampliar las posibilidades y oportunidades de todos nuestros hermanos en la nacionalidad, sobre todo, las de los más vulnerables.

Nuestro gran éxito, como nación, nacional e internacionalmente, sin duda ha sido el manejo –a través de una entidad del Estado diseñada para tal fin– del Canal de Panamá. Entonces, no es muy difícil pensar que, con los ajustes de diseño para cada aplicación, debemos proponernos elevar el resto del Estado al nivel de lo que hicimos con nuestro Canal... ¡y nunca permitir que la organización del Canal se deteriore para igualarse a la del resto del Estado!

Con el éxito de los panameños y de nuestro Canal, como ejemplo propio, es claro que resolver otros grandes problemas de la nación es una tarea moderada y evolutiva.

Podríamos –y debemos– iniciar con la educación. Construyamos un modelo de gestión, haciendo uso básico de lo que tiene de bueno y aplicable el Canal. Despoliticemos el sistema educativo. Que los mil 400 millones de dólares que invertimos en educación provengan directamente del 100% de las utilidades del Canal. Que la educación esté en manos de un consejo general de educación, corrigiendo lo de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), para que los educadores tengan una importante y legítima participación en su cúpula. Que existan unidades independientes de ejecución manejables por dicho consejo. Que los salarios de los educadores se eleven y sean los mejor pagados del Estado. Que exista un cuadro de méritos y que, basado en el mismo, se otorgue a los educadores becas de especialización en las mejores universidades del mundo... y, finalmente, que el ministro (a) sea, simplemente, una figura que sirva de comunicación con el Ejecutivo, como lo es el ministro del Canal.

Nuestra decisión de hacer algo así hoy debe ser radical, pero la fórmula es un acuerdo moderado y evolutivo, acordado con todas las partes. ¡Nada de extremismos y/o fanatismos! ¡Nada de control de un grupo sobre otro! Simplemente, un acuerdo nacional para aspirar a poner nuestra educación a la par de la de Finlandia, para garantizar el futuro de nuestra nación. Lo hicimos con el Canal... ¡¿cómo no hacerlo con nuestra educación?!

En cuanto a las necesarias reformas constitucionales, comencemos por rechazar el “todo o nada”. Hagamos una lista corta de las cinco reformas más urgentes y pasémosla con el sistema de dos asambleas. Con moderación radical, vamos resolviendo.

En cuanto a la justicia y la impunidad reinante, que es un cáncer que hace metástasis en el sistema democrático, cuando en junio (y gracias a Brasil) lo sepamos todo, aprovechemos los ciudadanos para organizarnos (desde ahora) para que ese momento marque un ahora y un después en la nación.

No permitiremos que ninguno siga en su puesto o burlando la justicia; si la Corte no responde, que se la lleve la ola del tsunami de la indignación que siente la ciudadanía. Que haya cambio radical de los personajes corruptos, estén donde estén, y que nazca una nueva república, moderada pero radicalmente honesta en todos sus sectores, incluso en los privados.

El momento es para lograr grandes cosas –como lo hicimos con el Canal– con una actitud y filosofía de moderación radical.

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