CONCIENCIA SOCIAL

Cuidar el ambiente para salvar la vida

Desde hace varios días, nuestros hermanos peruanos sufren una de las peores calamidades de los últimos 50 años. Las lluvias torrenciales han provocado inundaciones, deslizamientos de tierra y aludes que se han cobrado la vida de más de 60 personas, hasta el momento, y han ocasionado daños a la producción, infraestructura y el medio ambiente por cientos de millones de dólares.

La región más afectada es la de Piura, pero otras 11 regiones han sufrido estragos por este nuevo embate del fenómeno conocido como El Niño. No por repetido deja de ser cierto, pero en este tipo de desastres quienes llevan la peor parte son los sectores más pobres, que pierden sus hogares, sus herramientas de trabajo, su modo de vida y, muchas veces, sus lazos comunitarios. Deseo una pronta recuperación para todos los afectados, y me solidarizo en el dolor de quienes han perdido a sus seres queridos.

El cambio climático es consecuencia de múltiples causas. Una de las principales corresponde a las emisiones de dióxido de carbono que genera una capa de gases que se interpone entre la tierra y la atmósfera, impidiendo la salida del calor ocasionado por los rayos solares, lo que se conoce como efecto invernadero. Este ya aumentó la temperatura promedio en varias zonas del planeta y afecta la vida marina, al calentar el agua de los océanos, mientras la superficie de los hielos polares disminuye, considerablemente. En las zonas tropicales genera fenómenos extremos en cuanto a la escasez o abundancia de precipitaciones.

Entre los principales emisores de dióxido de carbono están las fábricas y los automóviles, y sus mayores concentraciones se registran en Estados Unidos y China. En países de la Unión Europea y en Japón se han tomado medidas de reconversión energética o cambios en el parque automotriz, aumentando el número de vehículos eléctricos, lo que permite disminuir los niveles y atenuar la presencia de este tipo de eventos. Pero hay algo importante que debemos recordar: no todos los fenómenos son reversibles y, a veces en el mejor de los casos, ni siquiera toman el mismo tiempo para volver a la normalidad. No por dejar de emitir gases de efecto invernadero tendremos la certeza de que el proceso se detendrá, pues ya se han puesto en marcha otros eventos; dejar de destruir la capa de ozono tampoco implica que esta se vaya a regenerar. Por esto, es clave la prevención antes que la acción. La mejor política ambiental no tiene que ver con atacar el fenómeno de El Niño o de La Niña, sino evitar su aparición. Por ello, hay que crear conciencia de estos riesgos, sobre todo entre las futuras generaciones, para disminuir el consumo de recursos naturales; enseñarles a usar la cantidad necesaria de elementos vitales como el agua, ahorrar energía, fomentar el reciclaje, favorecer los cultivos orgánicos, etc. Todas estas medidas deben formar parte de la educación de los niños y jóvenes, tanto a nivel formal, como informal. La mejor educación es la que se da en casa. Por eso, cuidemos este planeta entre todos.

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