[MÉXICO]

Veracruz, la fosa sin fondo

Familiares de desaparecidos critican el retraso de las autoridades en la identificación de los restos hallados en la mayor red de fosas del narcotráfico.

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No levantan la voz porque saben que hay muchos casos. Casi tantos como estados hay en México. En pocos años se han encontrado fosas clandestinas en Nuevo León, Guerrero, Coahuila, Sinaloa… También en Veracruz. Hay estados en que la fiscalía se encarga de estudiar los restos, tomar muestras de ADN, confrontarlas con los perfiles genéticos de personas que buscan a los suyos.

A veces los encuentran, otras, la mayoría, no.

En algunos casos, la incapacidad de las agencias estatales obliga a intervenir al gobierno federal. Esa es la situación en Veracruz, cuya fiscalía carece incluso de los químicos necesarios para realizar pruebas de ADN. Y todo es lento, muy lento. “Lo aceptamos”, dice Lucy Díaz, una de las integrantes del Colectivo Solecito. “Lo aceptamos porque no queremos que sea el estado [quien se encargue de analizar los restos de las fosas]. Es lo menos que queremos. Cambiaron las caras, las costumbres quedan”.

El Colectivo Solecito es una asociación de familiares de personas que desaparecieron en Veracruz. De abogados, médicos, estudiantes, policías, que no están. Hace siete meses dieron con la pista de un cementerio clandestino. Las madres, los padres, los hermanos, querían ir a buscar. Convencieron a las autoridades de que fueran con ellos. En pocas semanas se dieron cuenta de que aquel predio boscoso cercano al puerto de Veracruz era una red de fosas gigantesca. El pasado martes, el fiscal del estado, Jorge Winckler, asumió que era el mayor cementerio clandestino encontrado hasta ahora en México, con 250 personas, por lo menos. La consecuencia de la batalla entre Los Zetas y el cartel Jalisco Nueva Generación.

La división científica de la Policía Federal se encarga de analizar los restos. Lucy ha estado en su laboratorio, en la ciudad de México. “Es pequeño. Moderno pero muy pequeño. Y es para todo México. Solo para lo que estamos encontrando en Colinas –así se llama el predio, Colinas de Santa Fe– necesitaríamos un laboratorio así”.

De los 250, las autoridades han identificado a dos. Solo a dos en siete meses. Rufino Bustamante, otro integrante del Solecito, apunta que esas dos identificaciones se lograron porque los asesinos enterraron los cuerpos con sus credenciales. Porque si no… Rufino dice que lo mejor de estos meses es que por lo menos encontraron restos. “Lo malo”, añade, “es que no hay avances con las muestras de ADN. Han pasado siete meses y no han sido capaces de hacer una identificación por ADN”. Más que en el ADN, Rufino deposita sus esperanzas en el resto de credenciales que han encontrado cavando, “unas 10 o 12”.

La lentitud se debe en parte al mal manejo de la fiscalía, que perdió o malbarató cientos de perfiles genéticos en los años del anterior gobernador, Javier Duarte. Perfiles de familiares para contrastar con los huesos que iban brotando en fosas a lo largo y ancho del estado. La sociedad mexicana ignora si los actuales responsables de la fiscalía investigan cómo pudo suceder esto. El fiscal Winckler ha ignorado las preguntas de El País al respecto. ¿La fiscalía investiga la pérdida del material genético, a los posibles responsables? Winckler no contesta.

Para Lucy Díaz, lo mejor de estos meses es que consiguieron hacer visible todo el asunto. “Haber encontrado a Pedro –uno de los dos identificados– fue muy emotivo. No se salieron con la suya. No lo pudieron desaparecer para siempre, es un logro”.

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