[ECONOMÍA]

Recuperación con reparos

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El FMI deja constancia de la recuperación de la economía mundial, pero lo hace con muchas cautelas, no todas de naturaleza económica. En su informe sobre perspectivas globales, verifica que la economía global está creciendo y que seguirá haciéndolo a ritmos aceptables, del 3.5% y del 3.6%, este y el próximo año, desde el 3.1% en 2016. La hasta hace poca agónica inversión impulsa esa moderada expansión, pero también repunta el crecimiento del comercio global y la inflación, dejando atrás los temores al bucle deflacionario, temido sobre todo en la eurozona.

En el área monetaria europea, después de crecer el año pasado el 1.6%, habrá expansiones del 2.3% y 2.5%, algo desconocido desde el inicio de la crisis.

Pero acierta el FMI al advertir que la sostenibilidad de ese ritmo exige superar los obstáculos de carácter estructural y los riesgos geopolíticos que siguen pesando sobre las economías avanzadas. Entre los primeros, la baja productividad y la elevada desigualdad en la distribución de la renta siguen siendo los más destacados. Las tentaciones proteccionistas forman parte del segundo grupo. Pero hay que incorporar decisiones en curso que siguen rodeadas de incertidumbre, como el brexit.

Ambos riesgos provienen de dos de las economías más importantes, Estados Unidos y Reino Unido, altamente integradas, que obligan a temer las repercusiones globales de las decisiones de sus gobiernos.

Por eso, acierta el fondo al advertir de los riesgos a la baja de esas previsiones y sugerir que las políticas económicas tienen una importante función que cumplir en la neutralización, aunque sea parcial, de esas amenazas.

Las lecciones para Europa de una austeridad fiscal mal administrada son relevantes, como lo es la recomendación de prudencia a la Reserva Federal ante las previstas elevaciones de tipos de interés. Las políticas de demanda siguen siendo el principal instrumento de los gobiernos para no abortar esta recuperación.

La economía española seguirá siendo de las que más crezca en el grupo de avanzadas. Al 3.1% de 2016 le sucederá un 2.6% y 2.1% en 2017 y 2018. Menos relevante que esa desaceleración es la vulnerabilidad de nuestra economía a las condiciones externas: a la continuidad de una política monetaria expansiva del BCE y a unos precios de las materias primas que sigan manteniendo equilibradas nuestras cuentas. Por eso, importa compensar esos eventuales vientos externos.

Hace falta reforzar la confianza de las familias con rentas más bajas, asentando la demanda interna, y reducir factores de riesgo, como la cohesión territorial, que pueden condicionar la recuperación.

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