CRISIS INSOSTENIBLE

Venezuela, ¿hasta cuándo Venezuela?

Venezuela, ¿hasta cuándo Venezuela? ¿Por qué tanto estar en las noticias de Panamá y de la bolita del mundo amén? Porque es justo y necesario. Hasta que cese la violencia brutal del régimen contra la gente de todas las clases sociales que, decidida y valientemente, ya se manifiesta durante más de dos meses en las calles; hasta que Maduro y sus cómplices acepten que su estilo chavista de socialismo a la fuerza, pese a las necesidades más elementales de su pueblo, ha fracasado, puesto que el país está en ruinas en todos los aspectos.

Así es que a estas alturas (estas bajuras), todo parece indicar que, por soberana voluntad de los propios venezolanos (90% de la población ya), será hasta que caiga el dictador que habla con pajaritos, de quien las malas lenguas dicen que en realidad es colombiano, entrenado en Cuba, a la par de su pandilla de secuaces: el despalabrado ser de blasfemo nombre erróneo, que se hace llamar Diosdado, acusado de narcotráfico en Estados Unidos, a la par que otros militares y políticos de más bajo perfil; el vicepresidente de nombre árabe y prestigio oblicuo; la desvergonzada cúpula militar de corruptos comprados; la policía bolivariana que no se cansa de reprimir a sus hermanos; los criminales colectivos armados que nadie parece controlar, salvo, claro, quienes los arman…

Y no olvidemos la permanente infiltración cubana que tras bastidores no suelta la teta política que pensó suya para toda la eternidad, sin derecho a réplica como en su isla paradisiaca en donde no se puede disentir (recuerden las primeras manifestaciones de represión violenta: aquellos terribles fusilamientos masivos, como en los peores tiempos del gulag soviético, retomados fugazmente con el asesinato del general Ochoa).

¿Hasta cuándo hablar de Venezuela en los medios? Hasta que se le haga justicia a los 44 muertos asesinados en los últimos dos meses, los más de 300 presos recientes que están siendo procesados por tribunales militares violando la Constitución, los torturados, los otros presos políticos de vieja data, encabezados por el heroico líder Leopoldo López. Hasta que la falta de comida y medicamentos, los hospitales desabastecidos y el no tenerse un canal idóneo autorizado por donde recibir apoyo internacional no flagelen más al pueblo.

Hasta que la negativa a convocar a prontas elecciones, el invento de crear una constituyente para reemplazar a la actual Constitución que ellos mismos crearon en tiempos de Chávez, y la pronta recuperación de todas sus facultades y poderes legales por parte de la Asamblea Nacional de diputados, mayoritariamente de oposición; electa mayoritariamente por el pueblo y hoy enajenada por el reduccionismo convenenciero y oprobioso del déspota, sean opciones valederas y exista otra vez un país en el que los derechos humanos sean el pan de cada día y no simplemente una ficción.

Además, por supuesto, hasta que la más alta inflación del planeta sea reducida por un nuevo gobierno electo por el pueblo y apoyado por países verdaderamente amigos, sin que los venezolanos tengan que regalarles petróleo y militancia ideológica a cambio de su apoyo. Todo esto, que es mucho y al mismo tiempo es poco, poquísimo para como están, de negativas y ominosas, hoy las cosas, son algunas buenas razones para seguir hablando y escribiendo sobre la patria de Bolívar.

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