La francesa Los Infieles, la infidelidad en episodios

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La película francesa Los Infieles tuvo una agresiva campaña de vallas promocionales de alto contenido erótico por todo París.

Tanto fuego mostraban esas imágenes de atractivos hombres y hermosas mujeres en poses bastante sugerentes, que algunos sectores la consideraron demasiado vulgares para que estuvieran adornando la Ciudad Luz y los productores tuvieron que retirarlas al poco tiempo.

Esa respuesta se puede transpolar a la reacción de la variada audiencia que vaya a ver Los Infieles en Panamá, una simpática cinta protagonizadas por dos brillantes actores galos:  Jean Dujardin (lo recordarán por El Artista) y Gilles Lellouche, quienes a su vez dirigen algunos capítulos de este filme.

Habrá un sector que va a considerar esta producción como picante, tentadora y agresora en su forma de tratar el tema de la infelidad, en particular las trampas que hacen los hombres para engañar a sus parejas sentimentales, razones por las cuales  recomendarán con entusiasmo que vayan a disfrutarla hasta a sus propios enemigos.

Otro grupo de espectadores opinarán exactamente lo contrario, que Los Infieles tiene escenas  sadomasoquistas y de corte  gore que son de un calibre ordinario y banal para arriba.

Por ese motivo, le pedirán a sus amistades que no se les ocurra ir a verlas, y si se enteran que lo hacen, pondrán de inmediato fin a su relación.

Los Infieles funciona en ambos niveles, pues va de lo tierno a lo grotesco, de lo vital a lo aberrante, de lo simple a lo intelectual, pero siempre con un humor entre crítico, complaciente y sincero.

De salida engancha su estructura, al no contar un argumento único como es lo usual en la mayoría de los largometrajes.

Para evitar confusiones. Tampoco es tipo historias cruzadas como pasa en producciones como Pulp Fiction (1994), Amores perros (2000) o Crash (2004).

O sea, no es de esos argumentos que tienen muchos personajes, que al principio no tienen nada que los una, pero que a medida que transcurre la trama se van encontrando porque las situaciones ocurren en un área en particular o un hecho los conduce a toparse tarde o temprano.

Los Infieles va por otro lado. Su cuerpo narrativo se inclina más en lo que se ha denominado en el séptimo arte como película de episodios.

Se trata de historias fílmicas independientes entre sí, que  las aglutina una temática fija, pero por lo general son como la antología de autores varios de un mismo libro de cuentos.

En estos casos, la regla es que cada capítulo sea firmado por un director-guionista distinto (aunque hay excepciones como pasó en las cintas Coffee and Cigarettes de 2003 y A Roma con amor de 2012) y casi nunca sus personajes se encuentran.

O sea, Los Infieles forma parte de la familia de títulos como Historias de Nueva York (1989), Four Rooms (1995) y Paris, je t'aime (2006), que los hermana una ciudad, un hotel o un tema, pero no es obligatorio que exista otro tipo de conexión.

A los episodios de Los Infieles, de distintas duraciones, formatos, atmósferas y tonos, los amalgama el hecho que siempre aparecen  Jean Dujardin y Gilles Lellouche, ya sea como principales o como secundarios, y que todos abordan el acto de engañar al ser querido, y a veces, el precio que se paga por cruzar esa línea.

En Panamá, como ya es una tradición para las películas que no proceden del lado industrial de Hollywood, a Los Infieles le toca difícil sobrevivir, al proyectarse en un solo espacio y en una sola tanda: Cinemark Multicentro, a las 9:40 p.m.

Vayan a reírse con Los Infieles y me cuentan.

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