Sin capital ni riesgo

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Debemos estar dispuestos a perder honestamente los fondos invertidos, pero con el lanzamiento de esta iniciativa empezará a ganar el país. Debemos estar dispuestos a perder honestamente los fondos invertidos, pero con el lanzamiento de esta iniciativa empezará a ganar el país. Expandir Imagen
Debemos estar dispuestos a perder honestamente los fondos invertidos, pero con el lanzamiento de esta iniciativa empezará a ganar el país. LA PRENSA/Archivo

El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) está considerando utilizar la reserva internacional del país, conocida como Fondo de Ahorro de Panamá (FAP), para invertir en la economía local. Presuntamente la idea es que el ahorro de los panameños ayuda a financiar el desarrollo económico de Panamá.

Humildemente voy a recomendarle al MEF que asignen una parte de estos fondos a un nicho del sistema económico panameño que está abandonado. En Panamá, simplemente no existe capital de riesgo propiamente como tal.

El capital de riesgo, considerado como aquellos fondos destinados a financiar emprendimientos con potencial y riesgo, a servido para impulsar gran parte de la innovación y del crecimiento económico en los países desarrollados. Como lo dice su nombre, hay que tener una alta tolerancia al riesgo que se traduce en pérdidas significativas, a cambio de una ganancia espectacular con algunos de los éxitos empresariales que financia el fondo de capital de riesgo.

Para formar una empresa en Panamá, la mayor parte de los emprendedores recurren a sus propios fondos, ahorros y préstamos familiares y de amigos cercano que por muy bueno que sea el concepto o el proyecto mueren en su cuna porque no tienen como crecer. El ecosistema financiero panameño es sumamente endogámico y tiene altísimas barreras de entrada que la mayoría de los emprendedores no pueden superar.

Esto situación se traduce en inequidad social y baja productividad económica ya que como lo denominó en su momento, el científico social panameño Hernán Porras, lo que prolifera en Panamá es un “capitalismo de franquicia”. Este modelo es muy fácil de entender. El inversionista puede utilizar de 25 mil dólares hasta un par de millones para adquirir los derechos de licencia de alguna franquicia estadounidense, mexicana, española, guatemalteca o colombiana, y con eso tiene un producto de bajo riesgo que ya fue probado en otra parte. Aunque últimamente han surgido iniciativas panameñas, el principio general se mantiene.

En los años 80, el gobierno militar implementó una iniciativa denominada Corporación Financiera Nacional (COFINA) que como casi todo lo que fomentaba los militares convirtió convirtiéndose en otro escándalo de corrupción. Aunque ha existido desde entonces algunas iniciativas de la banca multilateral en Panamá, esto ha sido sumamente limitado, y termina muriendo en los planes pilotos.

En otros países, por ejemplo en Colombia, se le exige a los bancos comerciales que un porcentaje de sus préstamos vaya al sector agropecuario. En Estados Unidos, esta exigencia a dirigida a financiar proyecto en comunidades pobres o predominantemente de minorías.

En Panamá, con un centro financiero que maneja 120 mil millones de dólares en depósitos, no hay ningún requisito parecido. Sería deseable pensar a corto plazo, en formas de insertar el potencial del Centro Bancario para que sirva de plataforma impulsora de la innovación en el país.

Mientras ese momento llega, podemos empezar con el FAP. Mi propuesta sería que 50 millones de dólares de este fondo fueran destinados como capital de riesgo para financiar emprendimientos panameños. Para evitar manos peludas de corte partidista, o la repetición de COFINA, ese dinero lo debería administrar un patronato que siga parámetros internacionales, por ejemplo, una primera ronda de financiamiento podría estar de 50 mil a 250 mil dólares para madurar el concepto y hacerlo mercadeable.

A partir de la segunda ronda de 250 mil a 2 millones, el concepto debe ser un producto que entra al mercado nacional e internacional. El Estado sería socio en un 49% pero sin derecho a voto. Una vez la empresa alcance un punto de inflexión, se venden las acciones del Estado y se reembolsa el capital invertido.

En Panamá, la experiencia de la Ciudad del Saber es sumamente rica y amplia en este tema, y me parece legítimo que esta organización fuera la administradora de la mitad de estos fondos para estimular la innovación en materia de tecnología de información y comunicación. La otra mitad del fondo se le puede asignar a un patronato que lo administre para estimular la innovación en el sector de biotecnología incluyendo alimentación, cosméticos, medicamentos y otros productos. El nodo natural para este esfuerzo debería estar en la provincia de Chiriquí.

Debemos estar dispuestos a perder honestamente los fondos invertidos, pero con el lanzamiento de esta iniciativa empezará a ganar el país creando una cultura de innovación empresarial abierta a nuevos grupos sociales. Seguro que la banca multilateral y fundaciones empresariales extranjeras estarán dispuestas a aportar fondos adicionales a lo que Panamá invierta. Constituida la primera generación de empresas exitosas, lo demás será historia, una nueva historia muy distinta a la que conocemos en Panamá.

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