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Tonosí

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Tenemos que preguntarnos si queremos otro desastre ambiental o comida y paz social. Tenemos que preguntarnos si queremos otro desastre ambiental o comida y paz social. Expandir Imagen
Tenemos que preguntarnos si queremos otro desastre ambiental o comida y paz social.

Tonosí es una palabra de origen ngöbe, que significa “maraca o cascabel pequeño”, y que al igual que otros puntos de la provincia de Los Santos, como Pedasí, Guararé, Mensabé, revelan su pasado indígena. Hoy enfrentan muy serias amenazas socioambientales que hermanan a los santeños con el pueblo Ngöbe en más de un sentido: en la defensa de sus ríos.

Dada la sequía persistente en Los Santos y las ocasionales inundaciones de los llanos de algunos de los ríos que todavía quedan en la provincia, tiene sentido hacer un proyecto de administración del agua para el Valle de Tonosí. Es muy claro que garantizar el agua a los arroceros, ganaderos y productores de maíz, al igual que a las comunidades, es vital para el bienestar de nuestro país. Además, la prevención de las peligrosas inundaciones, con sus costosos daños y ocasionalmente muertes de pobladores del área de Tonosí, reclamaba una actuación inteligente de parte del gobierno.

Entonces, ¿cual es el problema del proyecto de riego de Tonosí? Cerro Quema y La Pitalosa. Es decir, que el riego, la canalización de los ríos y la hidroeléctrica que el proyecto implicaba iban a beneficiar a las empresas mineras, a la vez que desplazarían a cientos de productores de sus propias tierras, donde no son una carga para el Estado, y serían transformados en mendigos ya que sus minifundios no tendrían el valor monetario suficiente, para que las indemnizaciones recibidas les permitieran continuar con su actividad productiva en otra parte. Por cierto, ¿acaso no nos hemos percatado que ya casi no existen tierras productivas disponible para estos productores desplazados?

Hoy -viernes 29 de mayo- el Ministerio de Ambiente le explica a la comunidad de Coclesito cómo enfrentar la inminente amenaza de contaminación, proveniente de la mina de Petaquilla, cobardemente abandonada por sus presuntos dueños y por las autoridades pasadas del gobierno de Martín Torrijos y de Ricardo Martinelli, como advirtieron los ambientalistas (los cuatro gatos). En eso se transformó la minería metálica a cielo abierto: un preludio a la destrucción.
En Tonosí, todavía estamos a tiempo.
El pasado sábado 16 de mayo, en la consulta para el estudio de impacto ambiental de la mina de Cerro Quema, los promotores contaban con distinguidos invitados, como Tito Afú y Mariela Vega, los diputados de la provincia. Como ya es práctica en este tipo de proyecto, se trajo gente de otras comunidades distintas a las afectadas potencialmente por Cerro Quema, de forma tal que se viera que había apoyo popular a la minería. Tenemos que preguntarnos si queremos otro desastre ambiental o comida y paz social. Aquí es claro que la moratoria minera y la moratoria de hidroeléctricas debieron haber sido las primeras leyes en ser aprobadas por la Asamblea Nacional apenas cambió el gobierno. La minería y las hidroeléctricas no son únicamente malas cuando las aprueba el PRD y el Cambio Democrático, si no todo el tiempo. Los ríos de Panamá valen más que la minería y que las hidroeléctricas juntas. Si nuestros políticos no entienden esto, nos vamos a quedar sin país y sin producción agrícola que valga la pena. En ese sentido, los santeños luchando por Tonosí, y los Ngöbe, luchando por el Tabasará contra Barro Blanco, están enfrentado lo mismo: el desdén de gobiernos capturados por los intereses creados, y la indiferencia ciudadana ante las amenazas contra nuestro propio futuro.

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